La estación emisora alemana Elektra-Sonne (Consol) de Cospeito (Lugo) – (11.3) El sistema radiante. El monopolo sobre masa y cómo se implementó en la estación Elektra-Sonne.-

 

 

En los anteriores subapartados de esta misma sección, dentro del análisis del sistema de posicionamiento Consol, se han considerado las antenas dipolo de manera aislada. En la práctica, si existen obstáculos cerca de una antena, éstos consiguen modificar el diagrama de radiación de la propia antena en relación a la situación de ubicación en el vacío. La propia presencia de la tierra en el lugar físico donde se halla la antena condiciona sus características de radiación-recepción. La energía que radia la misma es reflejada en mayor o menor medida en su superficie, según sea fundamentalmente el grado de conductividad o facilidad de conducción de  la corriente eléctrica que posea la tierra. Así, pasamos a tener no sólo la onda radiada directamente por la antena, sino además una onda reflejada por la superficie terrestre.

En electromagnetismo se utiliza la teoría de imágenes para obtener una antena a todos los efectos equivalente a la situación de proximidad de la antena real a la tierra. Para ello, se busca la geometría de una distribución de corrientes ideal que estuviese por debajo del plano de la tierra, y que fuese tal que, suponiendo que éste fuese un plano conductor perfecto, se obtuvieran las condiciones de contorno reales que existen sobre el mismo, en términos de valores de los campos eléctrico y magnético. Garantizando esto se estaría en una situación de equivalencia a todos los efectos en la propagación y magnitudes de la onda de espacio (formada por la onda directa y la onda reflejada), en la región en la que ésta puede ser recibida por un receptor, que es el espacio por encima de la superficie terrestre. Es decir, se puede sustituir un plano conductor perfecto por unas corrientes equivalentes. Este hecho se aprovecha en las antenas monopolo sobre masa, del cual las antenas del sistema Elektra-Sonne eran un caso particular. Este tipo de antenas se usan fundamentalmente a bajas frecuencias, dado que sería muy difícil construir un dipolo operando a la frecuencia de portadora, dado el gran tamaño necesario. Las antenas monopolo sobre masa son antenas lineales situadas en posición vertical sobre la tierra, conectadas a uno de los terminales de la línea de transmisión que trae la onda de corriente desde el transmisor, estando el otro terminal de la línea conectado a tierra.

El equivalente del monopolo y su imagen es una antena dipolo, de tal manera que en el espacio sobre la tierra los campos reales serán los de un dipolo de longitud igual a la doble del monopolo. De esta manera, tanto la distribución de corriente como el diagrama de radiación serán los mismos que los del dipolo. Como sólo se radia en la mitad del espacio, el monopolo radiará la mitad de la potencia radiada por el dipolo equivalente y por tanto la resistencia de radiación será también la mitad de la resistencia de radiación del dipolo equivalente, siendo además la directividad doble de la dicho dipolo.

Todo lo anterior sería válido si considerásemos una tierra perfecta, es decir, de conductividad infinita. En la práctica la conductividad es finita, y ello acarrea la presencia de pérdidas de energía, que causan una menor eficiencia de la antena y una elevación del lóbulo –en el plano vertical- en su diagrama de radiación. En los mástiles de radiodifusión de Onda Media, con el objeto de contrarrestar las pérdidas por la conductividad finita de la tierra, se aumenta ésta enterrando platinas metálicas conductoras (tiras conductoras) conectadas entre sí, en la base de la antena y sus proximidades, y también humedeciendo el terreno para que aumente su conductividad. Estas medidas fueron puestas en práctica durante la operatividad del sistema Elektra-Sonne.

 

 

Por otra parte, es un hecho que -para bajas frecuencias- es difícil el poder construir antenas grandes. Además de la dificultad de la construcción de un mástil radiante de gran tamaño, surge el problema de que al disminuir la frecuencia la resistencia de radiación disminuye de manera rápida, y la reactancia de entrada aumenta también con rapidez, presentando valores capacitivos. Esto ya fue descrito en la sección 11.2, cuando se habló del dipolo elemental. Esta reactancia capacitiva vista hacia la derecha de la  salida de línea de transmisión sería nociva a efectos operativos, pues representaría la presencia de potencia reactiva en la antena y en la línea, que es potencia que puede provocar sobrecargas por comportarse la antena en esa situación no sólo como consumidora de energía sino también como almacenadora de la misma. Es una situación no deseable, pues en vez de consumirse toda la energía que se entrega a la antena, parte de ella se almacena y no se consigue la optimización de la energía radiada, que lógicamente habrá de ser máxima. Para corregir esta situación, ha de emplearse una bobina, con el objeto de “corregir el factor de potencia”. Esta bobina cancelará el efecto capacitivo de la impedancia de entrada de la antena, y permitirá que toda la energía que se entrega a la misma –salvo la que se pierde por efecto Joule a causa de su calentamiento- sea radiada, consiguiéndose que el conjunto de la antena y la bobina logren un comportamiento resonante o de máxima transferencia de energía. Se dice entonces que la antena está en resonancia o que está sintonizada. A escasos metros de los mástiles radiantes de la estación Consol existían unas cabinas donde se hallaban las bobinas variométricas, que habían de ser ajustadas para lograr poner en resonancia las antenas, eliminándose así la potencia reactiva.

Además de esto, como ya se mencionó en anteriores apartados y se puede observar en las fotografías anteriores en este análisis del sistema Elektra-Sonne, los mástiles radiantes Consol estaban terminados en unas caperuzas capacitivas. El hecho de la utilización de estas terminaciones acumuladoras de carga se puede razonar teniendo en cuenta que su presencia fuerza a que la distribución de corriente en la antena no se anule en el extremo y pueda ser vista desde la entrada como la distribución de una antena más larga. Si a partir de la finalización de la línea de transmisión no se hubiese abierto ésta como antena, tendríamos una línea de transmisión terminada en un condensador, el cual puede ser sustituido a todos los efectos por otro tramo de línea de transmisión con la longitud necesaria para presentar la misma impedancia de entrada que el condensador. Se razona entonces que el condensador –o en este caso su equivalente obtenido mediante la caperuza y la tierra, que son sus dos placas- tiene como efecto el de alargar la antena, obteniéndose en el tramo de antena que va desde la base hasta el capuchón capacitivo la distribución de corriente de la antena alargada, pero sólo en ese tramo, que es el que realmente existe, y que será por lo tanto prácticamente uniforme arrojando en el cálculo unos valores de campos electromagnéticos radiados mayores por calcularse los mismos en función del potencial vector, según se vio en la sección 11.1, con la presencia de una densidad de corriente mayor en la antena en relación a la situación del no uso del capuchón capacitivo, al pasarse de una distribución de forma casi triangular a una distribución prácticamente uniforme (constante), dando lugar así a una integral de potencial vector de valor mayor.

Por otra parte, dado que las dos antenas extremas estaban ubicadas lejos del transmisor, era preciso llevar la onda mediante sendas líneas de transmisión desde el mismo a ambas antenas –también era necesaria una línea más corta para hacer lo propio con la antena central-, y como son deseables unas pérdidas lo menos posibles en esos tramos de línea, que son mayores si la señal que viaja es de alta corriente, era precisa una adaptación de impedancias tanto a la salida del transmisor como a la llegada a las proximidades de las antenas, para conseguir máxima transferencia de energía con reflexiones de onda nulas en los cambios de medio, y al mismo tiempo elevación de la tensión con disminución de la corriente en el trayecto ocupado por las líneas de transmisión, para garantizar unas pérdidas por disipación térmica mínimas en dichas líneas en su función de transporte de la energía a radiar. Esto se lograba mediante los oportunos transformadores. Una vez llegada la energía a las inmediaciones de las antenas, la correspondiente adaptación de impedancias volvía a elevar la corriente y disminuir la tensión, puesto que lo que se necesita en la antena es energía en forma de alta corriente, dado que los campos electromagnéticos radiados dependen directamente de su valor –cuanto mayor sea, mayor magnitud presentarán los mismos-.

 

 

Como se puede observar en las imágenes, que han sido extraidas del libro “Radio Navigation Radar and Position Fixing Systems for use in Marine Navigation”, volumen II, publicado por el Ministerio de Transporte Británico en mayo de 1946, redactado como consecuencia del “International Meeting on Radio Aids to Marine Navigation”, y en el que se realiza un estudio –entre otras cosas- del sistema Consol con vistas a la instalación en Bush Mills (Irlanda) de la que sería la estación Consol británica, operativa después de la Segunda Guerra Mundial; las líneas de transmisión tenían una impedancia característica de 600 Ohmmios, entre la estación transmisora y las antenas extremas había una distancia de aproximadamente 3 longitudes de onda, en las proximidades de los mástiles radiantes existían unas “Aerial Tunning Unit”, que son los lugares donde se realizaba la sintonía de cada antena, mediante las bobinas variométricas; existían además unas “Balance/Unbalanced Matching Unit”, donde se adaptaban las impedancias y se pasaba la onda de alta tensión a onda de alta corriente; y además, existía un “Monitor Hut”, o punto de monitorización, ubicado en la perpendicular de la línea de antenas a una distancia lo suficientemente grande como para estar situado en la zona de campo lejano –que en la práctica eran unos kilómetros-, cuya misión era la de garantizar que los desfases producidos en la onda por haber viajado largo trecho sobre las líneas de transmisión desde el transmisor central, así como los eventuales desfases espúreos que se produjesen en la máquina Elektra por estar mal ajustada, ambos considerados cooperativamente, no alterasen la situación ideal de funcionamiento del período de transmisión de señal Consol o señal de orientación. Esto es, mediante el punto de monitorización, se lograba saber cuándo pasaba el máximo del lóbulo de radiación perpendicular sobre la línea recta que unía dicho punto de monitorización y la antena central, y que era perpendicular a la línea de antenas, y así se podía ajustar la máquina Elektra (la cual era la responsable de conseguir los dos regímenes de desfase superpuestos P y D de los que se ha hablado en la sección 9, entre las corrientes aplicadas a las dos antenas extremas) para lograr un correcto funcionamiento, consiguiéndose el deseado movimiento de los lóbulos de barrido a ambos lados, que establecen el movimiento de los radiales de equiseñal, y en perfecta sincronía con el comienzo del ciclo de señal de orientación, de tal forma que en alta mar se produjese la observancia del paso del rayo de equiseñal justo en el momento que le corresponde según lo descrito en las cartas de navegación que incluyen los radiales, y según lo prescrito por el diseño, y no antes ni después, cosa que daría lugar a lecturas de posición muy erradas.

 

Feliz Año 2012

 

 

Comienza un nuevo año, con todo lo que ello conlleva: proyectos que planeamos desde la más absoluta de las incertidumbres, promesas y deseos invocados a la Providencia desde lo puramente oculto e íntimo de nuestro ser, que son partícipes de esperanzas e ilusiones renovadas, pero en fin, no hace falta complicarse para vivir, simplemente basta con dejar que el tiempo fluya en su inasible devenir, en los algo más de tres centenares de días que irán girando unos detrás de otros, a veces con parsimonia, otras veces inyectados de pasión y emoción auténticas, en algunos de ellos sería mejor no levantarse de la cama, otros representarán un triunfo absoluto, pero la única receta válida para no fracasar o no sentirse defraudado es simplemente dejarse llevar por las mareas del tiempo, que sea la eterna espontaneidad de la Naturaleza y de la vida cuyas crines son asidas por el jinete de nuestro libre albedrío, las que nos guíen en este viaje transoceánico a cuyo comienzo nos hallamos soltando amarras. Este pensamiento evoca en mí los versos del sabio persa Omar Khayyán, astrónomo, matemático y poeta que vivió entre los siglos XI y XII, instaurador junto a otros científicos de la corte del nuevo calendario musulmán, que escribió varios tratados de geometría y álgebra siendo uno de los matemáticos más importantes de su momento, siguiendo la corriente de Al-Khwarizmi, y cuyo poema Rubaiyyat es su obra literaria más conocida, en el que Khayyán trata precisamente el tema de la naturaleza y la posición que el hombre ocupa en ella, así como el goce del momento presente. Os deseo lo mejor para este año 2012 que aún es niño de pecho, al ritmo palpitante de estos versos de Khayyán cuyo eco aún resuena sobrecogedoramente entre nosotros diez siglos después de su concepción. Feliz Año 2012 a todos.

 

Pero el dedo implacable

sigue y sigue escribiendo.

Seducirlo no podrás con tu piedad y tu ingenio

 para lo escrito tachar

o con tus lágrimas borrar

ni una coma ni un acento.

 

Rubaiyyat,  Omar Khayyám

 

Mi colección de nidos y sus inquilinos naturales

 

Al cabo de bastantes años de interés por la ornitología, he ido acumulando diferentes nidos abandonados de aves, con el objetivo de algún día poder averiguar, con ayuda de la documentación oportuna, la identidad de las especies que los moraron, y conocer de primera mano los materiales que emplea cada especie en la construcción de su refugio de cría. Si bien en algunos casos, como demostraré en este artículo, un mismo nido puede haber sido construido por especies diferentes, por la no especificidad completa de los nidos en relación a las especies por mediación del conocimiento de los materiales, de la forma, y del lugar donde se encontró el nido en cuestión, sí es cierto que en la mayoría de los casos, es indiscutible la naturaleza del propietario del nido, puesto que la mayoría de los nidos son específicos de sus inquilinos. En este artículo presento mi colección actual de nidos de aves con fotografías realizadas por mí mismo, y otras imágenes de las especies de pájaros que los habitaron, éstas últimas tomadas de otras webs, cuyo enlace figura debajo de cada foto. Para estudiar la identidad de los constructores de los nidos me he servido del libro “Guía de campo de los nidos, huevos y polluelos de las aves de España y de Europa”, del autor Colin Harrison, un trabajo especializado en la faceta reproductora de las aves europeas.

 

http://www.datuopinion.com/turdus-merula

 

 Los tres primeros nidos de mi colección fueron construidos por el mirlo común (Turdus merula), más concretamente por la hembra, que es la encargada de su confección. En la última fotografía del bloque se representa a un macho de mirlo común, que es de color negro, siendo la hembra marrón. El mirlo común cría en una gran variedad de hábitats, aunque normalmente es un pájaro de bosques, sotobosques y matorrales. Nidifica en las horquillas de árboles o arbustos entre 1 y 9 metros de altura. El nido es una taza grande y sólida de tallos, hierba, hojas secas, ramitas delgadas y raíces, tapizada con una capa sólida de barro mezclado con materiales vegetales, y ésta también tapizada de hierba seca u hojas muertas. Cría a finales de abril en el norte de España y puede tener entre dos y cuatro polladas. Los huevos son de color azul claro, en general muy punteados y moteados de color pardo rojizo. En las fotografías anteriores a este párrafo se representan diferentes tomas de tres nidos de mirlo distintos. El primero de ellos está confeccionado con una gran perfección y además el estado de conservación es bueno, por ser hallado poco después de que los inquilinos lo deshabitaran. En el segundo y el tercero se puede advertir claramente la capa de barro que recubre interiormente el nido. El tercero de los nidos no se conserva al completo, ya que en él falta una porción de la parte externa.

 

Los dos nidos siguientes fueron construidos por el zorzal común (Turdus philomelos), que al igual que el mirlo pertenece a la familia de los Túrdidos, familia de pájaros medianos o pequeños, insectívoros o frugívoros que comen normalmente en el suelo y que crían en gran variedad de hábitats. El zorzal común cría en bosques y bordes de bosques, parques y jardines con arbustos, setos espesos y matorrales, y nidifica a una altura de entre 1.5 a 2 metros, en general en lugares bien escondidos. El nido es una taza bien definida de hierba, ramitas finas, raíces, musgo, hojas secas y líquenes con un revestimiento interior de barro, y también lo construye la hembra. La mejor forma de diferenciar un nido de mirlo de un nido de zorzal común, que en realidad son muy parecidos, es que el mirlo no emplea musgo ni líquenes normalmente para su confección, mientras que el zorzal sí lo hace. La época de cría empieza en marzo en el sur y entre mayo y junio en el norte, con normalmente entre dos y cuatro polladas. Los huevos son de color azul brillante y ligeramente brillantes.

 

http://www.luontoportti.com/suomi/es/linnut/zorzal-comun

 

El constructor del siguiente nido es un pigmeo de las aves europeas, más concretamente el reyezuelo sencillo, que mide entre pico y cola entre 4.5 y 5 cm, medidas similares al otro pigmeo, el chochín, sólo que ambas especies pertenecen a géneros diferentes, más concretamente el reyezuelo sencillo (Regulus regulus) pertenece al género regulus, familia Sylviidae, y el chochín (Troglodytes troglodytes) pertenece al género troglodytes, familia Troglodytidae, además de que construyen el nido de forma totalmente diferente, y son anatómicamente muy diferentes. El reyezuelo sencillo construye su nido en bosques de coníferas o mixtos y en parques, matorrales y jardines con árboles apropiados. Suspende el nido en una horquilla de ramas debajo del follaje. El nido es una taza gruesa y profunda pegada al follaje y ramas superiores, siendo el acceso muy pequeño, y está construido de musgo, líquenes y telarañas, usando éstas últimas para atarlo a las ramas que lo aguantan, siendo además tapizado por el reyezuelo por una capa de plumas. Lo construyen ambos sexos pero el trabajo del macho es variable. La cría comienza a finales de abril y presenta dos polladas, y los huevos son de color blanco a ante pálido, finamente punteados de pardo, casi elípticos, lisos y sin brillo. El nido que presento en las fotografías tiene el musgo completamente seco, debido a que fue construido hace bastante tiempo, y fue hallado caído en el suelo desde las ramas de un aligustre en mi propio jardín.

 

http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/150724/

 

http://mariguari.blogspot.com/2010_10_01_archive.html

 

El nido de las imágenes a continuación fue confeccionado por un escribano hortelano. Los escribanos (familia Emberizidae) son pequeños pájaros granívoros que suelen nidificar en hábitats abiertos. Suelen emplear raicillas para confeccionar los nidos, y además los revisten de plumón y otros materiales, si bien el constructor de este nido es uno de los pocos escribanos que lo confecciona únicamente con raíces sin revestir. El escribano hortelano (Emberiza hortulana) cría en áreas abiertas con vegetación baja o dispersa, cultivos, yermos con arbustos dispersos o hierba alta, matorrales y bordes de bosques. Hace el nido en el césped, hierbas o debajo de arbustos en el suelo. El nido es una taza que puede tener hierba seca y raíces, tapizada con raíces finas y pelo o raramente plumas. Lo construye la hembra. La época de cría comienza a primeros de mayo en el sur y a primeros de junio en el norte, presentando dos polladas. Los huevos son lisos y brillantes, de color muy pálido, azulado, rosado o gris, con motas, machas y listas irregulares.

 

http://birdingspain.blogspot.com/2007/04/passeridae.html

 

El siguiente arquitecto que aquí presento es el mosquitero común (Phylloscopus collybita). Los mosquiteros son pequeños pájaros insectívoros de la familia Sylviidae, que crían en o cerca de árboles y arbustos, nidificando cerca del suelo. El mosquitero común construye su nido en terrenos arbolados, matorrales altos, zonas arbustivas y en setos con árboles. El nido es una estructura cubierta sobre el suelo o espesas matas bajas, o en las ramas inferiores de los árboles. Está construido con tallos, musgos, hojas secas y restos de plantas, y tapizado con plumas. Lo construye la hembra. La época de cría empieza a finales de abril en el sur y entre mayo y junio en el norte, y presenta entre una y tres polladas. Los huevos son blancos, lisos y brillantes, con finas motas. Si bien esta morfología particular de construir el nido no es específica del mosquitero común, el nido fue hallado vacío en un lugar en el que oí cantar durante una larga temporada al mosquitero (tuiiit tuiiit tuiiit tuiiit en crescendo) y fue hallado en excelente estado de conservación, por lo que deduje que había sido su nido.

 

http://www.bizkaia.net/nekazaritza/urkiola/florayfauna/ampliaciones/urki530b.asp?Idioma=CA

 

El petirrojo (Erithacus rubecula), otro representante de la familia de los Túrdidos, cría en bosques espesos con sotobosques, y a veces en plantaciones y huertos. Nidifica en agujeros de tocones de árboles, en depresiones de taludes o entre raíces o matorrales bajos. El nido es una taza voluminosa de hojas secas, hierba y musgo, tapizada con raíces finas, pelo y raramente plumas. A menudo construido en una cavidad que le sirve de techo. Es construido por la hembra. La época de cría empieza entre marzo y junio, dependiendo de la latitud, y presenta dos o tres polladas. Los huevos son elípticos, lisos y sin brillo, de color blanco o muy ligeramente teñido de azul, ligeramente punteados y moteados.

 

http://www.sorianos.org/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=75&Itemid=1

 

Los dos siguientes nidos, que además de ser muy parecidos, fueron hallados en un seto con bastante proximidad entre ellos, fueron sospechosamente construidos o por una curruca mosquitera o por una curruca cabecinegra. La razón de la sospecha de estos dos constructores es que ambos construyen el nido laxo y poco definido, usando prácticamente sólo hierba seca para su elaboración. Otra razón para lanzar tal hipótesis de trabajo es que las currucas mosquiteras macho tienen la costumbre de empezar varios nidos próximos entre sí, para que sea la hembra la que elija el que más le complace. Más concretamente, la curruca mosquitera (Sylvia borin) cría en bosques abiertos, caducifolios o mixtos, con sotobosques arbustivos o en áreas de arbustos altos o matorrales, jardines y setos altos. Nidifica en arbustos bajos, ramas bajas de árboles o hierba alta, a menudo a unos 30 cm. de altura. El nido es una taza voluminosa en una horquilla o entre tallos de plantas, encajada en el soporte pero no atada. Es flojo, y está construido con hierba seca, tapizada de hierba fina, pelo y raíces. La época de cría es a finales de mayo y presenta entre una y dos polladas. Los huevos son subelípticos, lisos y brillantes, normalmente blancuzcos. Por otra parte, la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) cría en matorrales y arbustos dispersos en la hierba, a una altura variable entre 30 cm. y 3 m., a menudo a baja altura. El nido es una taza de hierba seca y tallos, normalmente atados con telarañas, con una almohadilla interior de hierba más fina y eventualmente plumón, raíces y pelo. La época de cría empieza entre marzo y abril y presenta dos polladas. Los huevos son elípticos, lisos y brillantes, de color muy variable que puede ser blanco o teñido ligeramente de verde, rosado o ante, moteados, manchados y punteados. Se observa claramente en las fotografías que los dos nidos son muy diferentes de los del mirlo o del zorzal, ya que se aprecia que no posee ningún revestimiento sólido de barro. Además en uno de ellos se puede observar que el pájaro que lo construyó empleó un trozo de bolsa de plástico para su confección, lo cual no deja de ser una curiosidad implícita en las costumbres de muchas aves, ya que una gran variedad de ellas se sirven de objetos como trozos de lana o de plástico que encuentran para la construcción del nido. La primera foto de este bloque se corresponde con la curruca cabecinegra, y la última con la más probable arquitecta de estos dos nidos, la curruca mosquitera.

 

Los criterios para la asignación de un inquilino a cada nido han sido las descripciones de materiales empleados y forma, lugares donde fueron encontrados, pájaros avistados en el área concreta, cantos de aves escuchados, así como el listado de especies residentes o nidificantes en la zona geográfica que la incluye, que es el centro de la provincia de Lugo (España).

 

http://www.naturalezadigital.org/details.php?image_id=5395

 

http://www.naturalezadigital.org/details.php?mode=search&image_id=6666

 

Otoño en el parque del Buen Retiro

 

 

Un lugar acogedor como es el parque del Buen Retiro viste ahora en el otoño sus mejores galas. Las copas de los árboles adquieren un color amarillento, el pequeño lago artificial reverbera con las luces doradas de la puesta de sol del entretiempo, las hojas revisten con su marrón manto el césped aún verde que el otoño hereda del verano, se diría hasta incluso que el aspecto del parque resulta bucólico, aun a sabiendas de que estamos en el corazón de una gran ciudad como es Madrid…Pero una imagen vale más que mil palabras, y por ello aquí os dejo unas fotografías tomadas hoy que atestigüan lo que digo.

 

 

Los pequeños Accipítridos : el cernícalo, el alcotán y el gavilán

 

 

  http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/225634/

 

Resulta muy común para el hombre de campo el observar de vez en cuando el vuelo de pequeñas aves de presa sobre las llanuras o sotobosques ibéricos. Las pequeñas especies orníticas más comúnmente avistadas dentro de esta familia de los Accipítridos, son el cernícalo vulgar (Falco Tinnunculus), el alcotán (Falco Subbuteo) y el gavilán (Accipiter Nisus), las dos primeras de ellas pertenecen además al género de las falcónidas o halcones. Pues bien, aunque los hábitos de estas tres pequeñas aves de presa difieren en gran medida, como corresponde a todas las distintas especies animales, hasta ser costumbres representativas de cada una de ellas, y otro tanto ocurre con su librea, también es cierto que a primera vista, para el profano en el tema resultan indistinguibles, habida cuenta de que la posibilidad de poderlas contemplar en actitud de posado no resulta habitual.

 


http://www.luontoportti.com/suomi/es/linnut/alcotan

 

Para ilustrar lo fácil que resulta distinguir a estas tres especies me he tomado la libertad de coger prestadas tres fotos de otras webs, cuyos links correspondientes figuran debajo de cada una de ellas (para poder ser visitadas desde aquí), en las que se aprecian las entredichas especies de nuestra avifauna en vuelo, que es la manera que tenemos más fácil de poderlas observar. En la foto superior aparece un cernícalo en vuelo cernido, en la intermedia un alcotán y en la inferior un gavilán. Si nos fijamos en las tres fotografías advertiremos que las tres especies, de tamaños similares, tienen diferencias notorias al verlas en vuelo. El cernícalo, que recibe su nombre por ser capaz de efectuar un vuelo cernido, -esto es, es capaz de mantenerse inmóvil en vuelo en un punto determinado mediante el batido continuado de sus alas y de su cola en abanico, como un perfecto helicóptero natural, para así, en esta actitud, poder divisar sus presas (que suelen ser ratones, ranas e insectos de gran tamaño) y capturarlas lanzándose sobre ellas-, posee unas alas angulosas, más cortas que las del alcotán y una cola –conformada por las plumas supracoberteras caudales, infracoberteras caudales y por las caudales o rectrices- más grande que la de aquél y abierta en abanico. El alcotán sin embargo, tiene unas alas de mayor envergadura que las del cernícalo, también angulosas, y además puntiagudas, con la particularidad de tener forma de hoz. La cola es en este caso más corta que la de aquél y no se abre en vuelo. Por su parte, el gavilán presenta unas alas redondeadas en vez de angulosas y una cola mucho más larga que la de las otras dos especies aquí descritas.

 

http://www.geschichteinchronologie.ch/soz/fabulas/Samaniego_fabulas01.html

 

Tanto el alcotán como el cernícalo no hacen su nido propio sino que aprovechan nidos construidos por otras aves, como las cornejas, y en el caso del cernícalo también suele nidificar en salientes en la roca, en hoquedades naturales o incluso sobre el suelo. El gavilán, sin embargo, sí construye un nido, pero la construcción no resulta muy perfeccionada, ya que para este menester no posee una especial habilidad. El cernícalo es el más pequeño de los tres simpáticos protagonistas de esta entrada y posee un colorido pardo con manchas, presentando dimorfismo sexual, y siendo el macho ligeramente más vistoso que la hembra, característica común a las otras dos especies. Por su parte, el alcotán, es muy parecido a su primo el halcón peregrino (Falco Peregrinus) y con él también comparte como característica común una gran agilidad y velocidad en el vuelo. En cuanto al gavilán, podría decirse que se trata de casi una copia a menor tamaño del azor, otra ave de presa que al igual que él comparte el mismo nicho biológico y casi el mismo tipo de alimentación, ya que aunque ambos presentan una nutrición fundamentalmente ornitófaga, basada en zorzales, mirlos, medianos córvidos, o incluso palomas en el caso del azor, también es cierto que allí donde hay conejos, ésta son la presa preferida de este último, cosa que no comparte con el gavilán por ser aquél de menor tamaño. Ambas especies suelen habitar en bosques mixtos o en bosques de coníferas. Tanto el azor como el gavilán realizan vuelos bajos entre la espesura, que los hace indistinguibles en sus lances cinegéticos. En estas tres especies es la hembra la que se encarga de la incubación de los huevos y de la alimentación de los polluelos, si bien el encargado de la caza es el macho, que cede su presa a su consorte a escasos metros del nido para que sea ella la que cebe a las crías.

 

Billy Wilder en bandeja de plata

 

 

Que un director de cine gane dos veces el Óscar en calidad de mejor director, y tres veces en calidad de mejor guionista no puede ser un fruto de la casualidad o del fenómeno fan, y más aún en los tiempos de la segunda mitad del siglo XX, cuando el cine no era todavía la máquina comercial que es hoy en día. Billy Wilder, tal vez el mejor cineasta de todos los tiempos lo hizo, y no sólo eso, sino que además fue nominado en la impresionante cantidad de ocho veces como director y de doce como guionista.

Todas las producciones de Wilder llevan marcada la impronta de su inconfundible sello personal, materializada en la forma de unos diálogos mordientes e hipnóticos que enganchan al espectador desde el comienzo de la película, una caracterización de los personajes sorprendente, en ningún caso maniquea, con sus vicios y sus virtudes bien a la vista, y un ritmo de la acción frenético y trepidante que no deja lugar en ningún caso al aburrimiento en ninguna de sus formas, todo ello sazonado con una ironía, sarcasmo y sentido del humor de un gusto poco habitual. Este maestro supo diseccionar la condición humana como nadie lo había hecho antes en el séptimo arte.

Billy Wilder, ciudadano polaco de origen judío, que tuvo que emigrar a Estados Unidos en tiempos de la persecución nazi, pasó hambre y miseria recién llegado a América, y tras sus primeros trabajos escritos para la Paramount, encontró en la figura de Ernst Lubich a su verdadero preceptor. El resto es ya historia. Produjo y dirigió 26 películas, de las cuales ninguna de ellas es deficiente, más bien se diría que rozan todas la perfección (si es que la perfección existe). Además de esto, escribió 60 películas como guionista. En su lápida del cementerio de WestWood en Los Ángeles está escrito un simpático epitafio, que nos muestra que fue cosechador de la ironía no sólo en sus excelentes films sino también en su propia vida personal: “I’m a writer but then nobody’s perfect”.

Como últimamente he visto “En bandeja de plata”, una de sus películas injustamente menos valoradas, me he sentido obligado a hablar un poco de este film.

El guión de “En bandeja de plata” corrió a cargo de I.A.L. Diamond y del propio Wilder (que habían cooperado también en “El apartamento” y en “Con faldas y a lo loco”, otras dos películas dignas también de ser visionadas).

En esencia el argumento consiste en que un cámara de televisión llamado Harry Hinkle (papel desempeñado por Jack Lemmon), recibe un golpe fortuito y puramente producto del azar en el transcurso de un partido de fútbol americano, que le es propinado por un inocente y bonachón jugador, y que le provoca una mala caida. Lo que en un principio parece algo serio, por la pérdida del conocimiento de Hinkle, no tiene tal carácter, pero su cuñado –un pícaro y astuto abogado- (papel a cargo de un Walter Mathau que se sale en su interpretación, y que le sirvió para obtener el Óscar al mejor actor secundario) logra convencerle para poder así obtener una importante indemnización millonaria del seguro del estadio, aprovechando el hecho de la inadecuada colocación de una lona enrollada próxima al borde del campo, en la cual Hinkle tropezó. Ante esta coyuntura, el que en un principio se niega a seguirle el juego a su cuñado, por poseer unas convicciones morales más arraigadas, cambia finalmente de opinión, al ser advertido por el propio abogado de que con la importante suma de dinero que pueden conseguir, atraerá además a su avariciosa exmujer –y de hecho lo hace-, de la cual sigue a pesar de negarlo, profundamente enamorado. Pero cuando ya está el caso ganado, y a causa de que en el fondo el cámara es un bonachón y un sentimental empedernido, que es incapaz de asumir el sufrimiento emocional y físico que está padeciendo el jugador causante del encontronazo, una eventualidad que no voy a desvelar permite a los detectives que investigan el caso hacerse con las pruebas necesarias para echar la farsa por tierra.

Esto es lo bueno del cine. Descubrirás siempre sucesivas joyas en forma de películas, de incontables quilates; de una puedes saltar a otras, basta que descubras la primera para que se te abra todo un mundo por delante; y a aquél lector –si lo hay- que haya visto poco o nada todavía de Billy Wilder le diré, con profunda convicción y sin temor a equivocarme, que me quito el sombrero y me doblo en una servil reverencia ante el director que retrató como nadie al ser humano en todas sus facetas, tanto en las más admirables como en las más oscuras y abyectas.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (5).- La exposición dedicada a Graells

 

Dedico este último artículo dentro de la serie que trata sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid a la figura del ilustre médico, científico naturalista, y senador español Mariano de la Paz Graells y de la Aguera, en torno a cuya remembranza gira la exposición dentro del entredicho museo dedicada a su nada desdeñable labor investigadora y de descubrimiento, en el marco de la Península Ibérica.

Para acometer tal tarea trataré primero la biografía de este científico, que destacó por su enorme versatilidad a la hora de adaptarse a terrenos tan dispares como la botánica, la zoología, la medicina e incluso la política activa.

Graells nació en Tricio (La Rioja) en el año 1809, hijo de un médico catalán, se formó en Barcelona, donde cursó estudios de Medicina y Cirugía, Botánica, Agricultura, Física y Química. Su afán de conocimiento estuvo siempre vinculado al interés por las aplicaciones prácticas y el desarrollo de mejoras. Cuando en 1837 se incorporó en Madrid al Museo de Historia Natural, fue nombrado Catedrático de Zoología comparada en el mismo, y posteriormente director, llevando a la práctica un ambicioso proyecto de renovación que tuvo como fruto la mejora de las colecciones que por entonces se atesoraban en dicho Museo. A partir de 1855 trabajó en la aclimatación de diferentes especies en el territorio español y en la creación de piscifactorías, para obtener más alimentos para la población. Se implicó además en otras tareas, como el desarrollo de industrias y actividades pesqueras, y sus intentos de erradicación de la plaga de la filoxera de la vid, trabajos con una clara componente social. No sólo fueron los estudios prácticos los que ocuparon su trabajo, también estuvo interesado en los estudios teóricos, que ya comenzó en su primera etapa vital en Barcelona, con la observación de los insectos y sus indagaciones en relación a la floración de distintas especies vegetales en diversas áreas catalanas, y que continuaría más adelante en Madrid con sus estudios de malacología, paleontología y de los mamíferos. Supo conjugar sus trabajos de campo y de laboratorio con el servicio público, mediante la dedicación que hizo efectiva como miembro de distintas academias, comisiones y consejos ministeriales, y con su participación como senador en diversas legislaturas. La Ciencia le debe el descubrimiento, descripción, y estudio, de distintas especies vegetales endémicas de la Península Ibérica, así como del único lepidóptero del género Actias dentro del territorio español, la llamada Graellsia Isabellae (o Actias Isabellae), especie amenazada, protegida y de interés especial desde el año 2000, cuyo nombre científico está formado con su nombre y con el nombre de la reina Isabel II.

A continuación iré describiendo el contenido de algunas fotografías que tomé en mi visita a la exposición dedicada a Graells.

En la siguiente imagen aparece el herbario de Eduardo Carreño, que fue donado al Gabinete de Ciencias Naturales del Colegio-Seminario que estableció en 1885 el rey Alfonso XII en el Monasterio del Escorial. En este gabinete existe una colección botánica extraordinaria, y se albergan además allí colecciones zoológicas, mineralógicas y materiales de archivo, además de plantas procedentes de las donaciones de Graells, entre las que se encuentra la colección de su pupilo, Carreño.

 

 

En la fotografía que sigue se muestran algunos de los objetos que utilizaba Mariano Graells en sus clases de anatomía comparada.

 

 

Las dos imágenes a continuación en el bloque que sigue representan respectivamente la primera algunos expedientes de intercambio de semillas con centros docentes, mientras que la segunda expone los expedientes de traída de agua del Canal de Isabel II al Jardín Botánico de Madrid.

 

 

La foto siguiente muestra una reproducción del meteorito del tipo condrito L, caído en Molina de Segura (provincia de Murcia) el 24 de diciembre de 1858, y cuyo original pesa 112,5 kg.

 

 

A continuación aparecen dos catálogos en los que trabajó Mariano Graells, uno de ellos dedicado a los mamíferos observados en Madrid, y el segundo de ellos a los moluscos terrestres españoles.

 

 

Esta foto representa distintos ramilletes de la flora española, recogidos por el Doctor Graells en las Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de 1859.

 

 

El protagonista de la foto que sigue es una especie endémica de parte de la Península Ibérica, el desmán de los Pirineos, un mamífero de veloz metabolismo, que vive en los cursos fluviales de la cordillera pirenáica y otras regiones septentrionales de la península Ibérica, así como también en el Sur de Francia. Se alimenta de larvas de insectos acuáticos como tricópteros y efemerópteros, y este ejemplar pertenece a la colección de aves y mamíferos del Museo de Ciencias Naturales.

  

 

A continuación se muestra una colección de lepidópteros ibéricos, entre los que se pueden observar, entre otros, la Inachis Io, la Papilio Machaon, la Parnassius Apollo, la Aglais Urticae, la Nymphalis Antiopa, la Anthocharis Cardamines, y la Gonepterys Cleopatra. El segundo de los mosaicos de este bloque está formado por diversas especies ibéricas de coleópteros.

 

 

Las dos cajas entomológicas de las dos siguientes fotografías son un estudio del hecho biológico de la divergencia de caracteres, expresión visible de las mutaciones genéticas. En concreto, el lepidóptero sometido a estudio es la especie descubierta por Graells, la Graellsia Isabellae. En la primera fotografía se pueden ver grados variables en ejemplares de esta especie en lo que respecta al tamaño del insecto, la coloración de las venas alares, y la longitud de las colas. En la segunda fotografía se hace idéntico análisis, teniendo en cuenta en este caso las bandas negras de las alas, los ocelos que presentan, y las anomalías.

 

 

En la imagen que sigue se muestran dos obras en las que participó Mariano Graells, la de la izquierda es un trabajo sobre la florescencia de las especies vegetales de la flora catalana. La de la derecha es el libro Indicatio Plantarum Novarum, que recoge las descripciones de especies botánicas descubiertas en España. En la segunda imagen del bloque se representa un ejemplar de herbario de la especie Narcissus Palliludus Graells.

 

 

En el siguiente bloque aparece en primer lugar una lámina acerca de la anatomía de las ballenas varadas en las costas españolas en tiempos del Doctor Graells. En segundo lugar se puede apreciar una colección de coleópteros del mismo.

 

 

La fotografía siguiente representa un estudio llevado a cabo por el naturalista en relación a la Phyllosera Vastatrix, comúnmente conocida como plaga de la filoxera, publicado en el año 1881.

 

 

Para ya finalizar este paseo gráfico por la exposición, se muestra en primer lugar un retrato del personaje aquí tratado, seguido de otro retrato de la reina Isabel II, a la que Graells dedicó el nombre del lepidóptero Graellsia Isabellae, también conocido como Actias Isabellae. Se dice que Don Mariano le regaló un ejemplar de esta mariposa a la reina, y que ésta lo lució en una fiesta de palacio, montado sobre un collar de esmeraldas, causando gran sensación entre los asistentes.

 

 

Si bien en este museo existen otras exposiciones aparte de las descritas en la serie, me he limitado a algunas de las abiertas al público en el momento de mi visita al museo; probablemente ahora, en el momento de la publicación de este último artículo haya otras a disposición de los visitantes, como por ejemplo la que por aquel entonces estaba en obras, dedicada a los fósiles y animales prehistóricos, o la dedicada a los meteoritos que han caído en la Península Ibérica; he intentado ser sintético en la medida de lo posible, pero la única manera de vivir con intensidad una visita al Museo de Ciencias Naturales es acudiendo allí personalmente. Para los amantes y estudiosos de la naturaleza resulta una actividad lúdica e instructiva a la que incluso se puede acudir en familia, pues a los niños y jóvenes se les abren mundos insospechados en la contemplación del Medio Natural y sus inquilinos. Por lo que a mí respecta, puedo afirmar que me lo pasé en grande.

 

Mortadelo y Filemón, agencia de información

 

 

En una época verdaderamente complicada a todos los efectos como fue la postguerra española, con dificultades limitantes como la carestía de papel o la propia censura, en el año 1947 la Editorial Bruguera relanzó de nuevo su popular publicación Pulgarcito. Por sus páginas se desgranaban las aventuras de los más simpáticos personajes, creados por verdaderos humoristas con mayúsculas, como por ejemplo Escobar (con Zipi y Zape, y con Carpanta), Peñarroya (con Gordito Relleno o Don Pío), Cifré (el repórter Tribulete), y Vázquez (las hermanas Gilda). Fue por aquel entonces, unos años más tarde, cuando una estrella con luz propia, que a la sazón era un empleado en el Banco Español de Crédito, alumbró a dos personajes del cómic que llegarían a ser los más populares a nivel mundial dentro de las creaciones patrias, me estoy refiriendo a los geniales Mortadelo y Filemón, dos ineptos detectives que con el paso de los años fueron rodéandose de una pléyade de personajes a cual más desternillantes.

La creación de Francisco Ibáñez fue publicada por primera vez en el número 1394 de Pulgarcito (edición de 20 de enero de 1958), y llevó como título el que finalmente resultaría el definitivo, esto es, “Mortadelo y Filemón, agencia de información”. El magnífico talento de Ibáñez daría a luz años más tarde a otras colecciones de viñetas que también llegaron a ser populares, como por ejemplo 13, Rue del Percebe; Rompetechos; El botones Sacarino; o Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio; aunque la serie más aplaudida de Ibáñez ha sido siempre Mortadelo y Filemón.

Poco se puede decir ya que no se haya comentado de estos dos garrulos detectives, representaron el despertar del afán de lectura en la infancia de los niños españoles de la segunda mitad del siglo XX, sus aventuras se leían y se disfrutaban –y se siguen disfrutando- con la misma facilidad espontánea con la que se come el plato favorito, han arrancado verdaderas carcajadas en sus aventuras más hilarantes (todavía me acuerdo de lo bien que me lo pasé leyendo por primera vez “El sulfato atómico”), y representan una de las mejores manifestaciones del cómic español de todos los tiempos.

En el año 2008 se celebró el 50º aniversario de estos personajes, y hay que reconocerle el mérito a Francisco Ibáñez de saber reinventar continuamente a los detectives de la T.I.A. y de tener la capacidad para adaptarlos a las distintas épocas en las que salieron al quiosco. No sólo Ibáñez es un excelente dibujante, sino que además se puede asegurar sin temor a equivocarnos que es un maestro del humor, los gags que aparecen en las aventuras de Mortadelo y Filemón están impregnados de la rotunda vis cómica de la que es poseedor su creador.

Aunque en un principio las aventuras no duraban más de cuatro páginas, a partir de finales de los años sesenta se evidenció que esta serie estaba “condenada” al éxito indiscutible, por lo que la editorial Bruguera e Ibáñez decidieron añadir más personajes al dúo inicial y convertir las cuatro páginas en aventuras largas de 44 páginas, al estilo de las historietas del ámbito francófono (Tintín y Astérix); con lo que Ibáñez tuvo que reconducir su talento para enfrentarse a este reto, pues conseguir una historieta perfectamente hilada de tal duración, manteniendo el pulso narrativo y cómico, sin repetirse, representa la necesidad de un gran ingenio, del cual el dibujante siempre hizo gala. Los que en el tanteo inicial habían sido bautizados como Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detectivesca; Lentejo y Fideíno, agentes finos; u Ocarino y Pernales, agentes especiales; quedando finalmente registrados en el “libro de familia” de Bruguera con su nombre definitivo de Mortadelo y Filemón; rodeados de otros personajes no menos cómicos como el Superintendente Vicente, el jefe de la T.I.A.; el profesor Bacterio; o la señorita Ofelia; han sabido arrancar las carcajadas de jóvenes (y no tan jóvenes, reconozco mi pecado) de distintas generaciones de hispanohablantes, aunque se han publicado sus aventuras en una docena de países y han sido los protagonistas en una cifra de alrededor de 200 álbumes, siendo objeto actualmente de continuas reediciones a cargo de otras editoriales –por la disolución de la Editorial Bruguera en el año 1986- que le ponen los dientes largos a los coleccionistas de cómics clásicos, entre los que me incluyo; y da la sensación que la forma de mortadela que da nombre al miope personaje y el filete de los tiempos de las cartillas de racionamiento (Filemón), quedarán grabados en la impronta de nuestras vidas como los nombres de aquellos genuinos, carismáticos e hilarantes hijos del simpar Francisco Ibáñez, un verdadero maestro en su oficio, y que nos arrancaron la sonrisa en algunos de nuestros mejores momentos vitales. ¿Qué sería de nosotros sin la sonrisa o la carcajada?. Pues no seríamos nada.

En la imagen superior reproduzco una tira cómica de la aventura señera dentro de la producción de Ibáñez, a mi corto entender, “El sulfato atómico”. En la imagen inferior otra tira de otra de sus mejores historietas, “Contra el gang del Chicharrón”.

 

 

La estación emisora alemana Elektra-Sonne (Consol) de Cospeito (Lugo) – (11.2) El sistema radiante. El dipolo elemental y otros dipolos más largos

 

 

El contenido de esta entrada es demasiado técnico, pero para entender lo que es un monopolo sobre masa, que era el tipo de antena usado en la estación radioeléctrica Consol, es necesario conocer lo que es una antena dipolo. Este apartado puede ser saltado a efectos de conocer el sistema Consol, pero me ha parecido que si quiero exponer el tema con algo de profundidad, me veo obligado a hacerlo así. Ante el primer síntoma de pesadez en la lectura de lo que sigue, el lector tiene su plena libertad para saltárselo o para navegar por otras páginas, reconozco que es demasiado específico y condensado, pero también entiendo que si alguien llega a esta entrada mediante un buscador, ello será debido a que tiene interés en lo que aquí se describe, por lo que al final he optado por incluírlo, dado que es una pieza más dentro de la comprensión del entredicho sistema de posicionamiento. Así pues, pido disculpas anticipadas a las personas que opinen que esto sobra o que está escrito de forma inapropiada, y me decanto al final por mantenerlo. Simplemente, al que le interese, que lo lea, quien por el contrario vea que esta entrada está de más, puede pasar a leer otras entradas o simplemente teclear otra URL y navegar por otra web. Para gustos hay colores, en torno a la pluralidad gira esta página, o procuro eso al menos, y además entiendo perfectamente a los que se lo salten, porque yo ya soy el primero que lee libros de divulgación o libros técnicos saltándome algún que otro párrafo, al menos en la primera lectura, por parecerme inicialmente incomprensible. Quedan las disculpas por escrito.

Un dipolo elemental es un elemento de corriente cuya longitud es mucho menor que la longitud de onda, y por el que fluye una corriente uniforme. Aunque podría parecer un caso anómalo, en realidad muchas antenas operando en baja frecuencia tienen un comportamiento similar al mismo, por poseer sus mismas cualidades. Si se supone un hilo de densidad de corriente J = I.delta(x).delta(y) z, siendo la función delta la delta de Dirac, que es una idealización que establece que la densidad de corriente es no nula salvo en el origen de coordenadas, y aplicando la ecuación del potencial vector mostrada en la anterior sección, utilizando además las aproximaciones pertinentes, se obtiene, como es lógico, un potencial vector de una única componente según el vector unitario z; pero resulta más práctico representar el resultado en coordenadas esféricas y no cartesianas, y así se obtiene una componente para el potencial vector según el vector unitario theta proporcional al seno de theta y una componente según el vector unitario phi nula. No existe componente según el vector unitario rho, porque en campo lejano esta componente según el mencionado versor unitario del sistema de coordenadas esféricas es aproximadamente nula.

 

 

De esta forma el fasor de campo eléctrico radiado, que es –j veces el producto de la pulsación por el potencial vector, también varía con el seno de theta y presenta un factor de fase que equivale a la tardanza en producirse los efectos lejos de la antena (campos) posteriormente a las causas que los originaron (corriente). Por su parte, la intensidad de campo magnético, que se escribe como el inverso de la permeabilidad multiplicado por el rotacional del potencial vector varía como el seno de theta también, pero su única componente tiene como vector unitario al versor phi.

 

 

Para calcular el diagrama de radiación de potencia, que es una representación de cómo radia una antena según cada dirección genérica dada por un ángulo theta y un ángulo phi determinados, se obtiene la parte real del producto vectorial del fasor de campo eléctrico y el conjugado del fasor de intensidad del campo magnético, que es el conocido como vector de Poynting y que da cuenta de la potencia que atraviesa la unidad de superficie en el punto genérico bajo análisis, y que como es lógico variará como el cuadrado del seno de theta con otros factores que incluyen el inverso del cuadrado de la distancia y un factor directo constituido por el cuadrado de la longitud del dipolo elemental y el cuadrado del valor eficaz de la corriente. Como desde cualquier punto a una distancia R del dipolo vemos el dipolo de la misma manera, el campo eléctrico y el diagrama de radiación presentan simetría de revolución, y además una forma similar a un toro.

 

 

Si ahora calculamos toda la potencia radiada integrando el flujo del vector de Poynting a través de cualquier superficie que encierre el dipolo y dividimos esa potencia radiada por el cuadrado de la corriente a la entrada de la antena se obtiene la resistencia de radiación de la misma, que se puede definir como aquella resistencia que colocada en vez de la antena consumiría por efecto Joule toda la potencia que radia aquélla. Cuanto mayor sea la longitud del dipolo elemental frente a la longitud de onda, mayor será la resistencia de radiación para este caso, y por tanto, más potencia se radiará, y mayor valor poseerá el fasor de campo eléctrico, y por tanto mayor amplitud el campo eléctrico instantáneo.

Todo lo hasta aquí comentado se refiere a campo lejano, es decir, lejos de la posición que ocupa el dipolo elemental. En las inmediaciones del dipolo, los campos que se obtienen se corresponden con los que produciría un dipolo eléctrico con una cierta carga en cada extremo de signos opuestos, y no varían con la frecuencia, esto es, son estáticos. Debido al carácter oscilante de las fuentes, al pasar un medio período de la corriente de excitación, se invierte el sentido de la corriente y los signos de las cargas. Como consecuencia de esto, un dipolo elemental eléctrico se comporta capacitivamente y con una pequeña resistencia de radiación. A una frecuencia de 285 kiloHerzios, un hilo de aproximadamente 100 metros es casi un dipolo elemental, siempre y cuando coloquemos en sus extremos unas superficies conductoras donde pueda almacenarse carga eléctrica. La impedancia de entrada, que es el cociente entre el fasor de tensión y el fasor de corriente a una cierta frecuencia tiene en este caso una componente de tipo capacitivo. Esto es, un dipolo elemental puede verse como un condensador abierto.

De momento me he limitado a presentar una estructura pequeña en relación a la longitud de onda, donde podemos suponer que la distribución de corriente es uniforme. Si las dimensiones de la antena no verifican tal cualidad, habrá interacciones entre todos sus elementos con retardos asociados, de tal forma que ya no se podrá aproximar la corriente por un valor uniforme. Entramos así en el terreno de las antenas dipolo.

El caso más simple de antena dipolo es la antena cilíndrica, consistente en un hilo conductor recto de longitud 2H y radio a muy inferior a la longitud de onda, al que se le alimenta con un generador en el centro. De forma experimental, se ha obtenido que la distribución de corriente para estas clases de antenas es aproximadamente sinusoidal, con valor cero en los extremos, dando así continuidad a lo no conductividad del aire. Para justificar esta distribución de corriente se puede pensar en la antena cilíndrica como una línea de transmisión de líneas paralelas que termina en circuito abierto y que vamos abriendo hasta quedar las dos líneas en posición vertical. Puesto que la línea termina en circuito abierto, aparece una onda estacionaria de corriente, con un nulo en el extremo. Dentro de las antenas dipolo tal vez el caso más común es el del dipolo en lambda/2 o dipolo de media onda, para el valor de H = lambda/4. Para este caso el diagrama de radiación es similar al del dipolo elemental, de forma toroidal, con simetría de revolución, y un haz algo más estrecho.

 El siguiente esquema representa los parámetros característicos de algunos dipolos de diferentes semilongitudes H, incluyéndose entre estos parámetros a la longitud, el ancho de haz a 3 dB, que representa aquel ángulo que subtiende el diagrama de radiación de potencia con unos valores subtendidos superiores o iguales a la mitad de la densidad de potencia radiada máxima de radiación, así como la resistencia de radiación, y la directividad, la cual es un parámetro que nos da idea del cociente entre el máximo de la densidad de potencia radiada y la densidad de potencia radiada por una antena isotrópica que radiase la misma potencia que la antena bajo análisis. Esto es, la directividad nos viene a informar de lo que concentra la radiación según la dirección de máximo una antena, comparándola con otra que radiando la misma potencia lo hiciese por igual en todas direcciones. Si extendemos este concepto para todas las direcciones tenemos una función de  los ángulos theta y phi, conocida como ganancia, que da cuenta de la relación entre la densidad de potencia por metro cuadrado en una dirección frente a la densidad isotrópica de una antena que radiase la misma potencia.

 

 

Fuente de las imágenes de esta entrada :  Antenas, varios autores, Edicións UPC.

 

Romance de los desposados

 

Como hermano y cuñado abnegado

indómito por cruel acento ronco,

debería el poema ser abordado

con mesura o con fortaleza de tronco;

si el sacerdote absuelve a pecadores

perdone el oyente este fluido bronco,

que es mi tarea loar con los honores

merecidos por estos dos desposados

festejando hoy sus mil y un amores,

pues de amores son los abanderados.

De ella diré que es una bienhechora

mujer de caracteres acreditados

y de bondades la recolectora

que reparte con gracia lisonjera,

de alegrías la maestra bordadora.

Viajar puede en el mundo adondequiera

que de esto su marido es el testigo

tras conocer a una persona entera

reclutada será como su amigo,

y declaro sincera y acertadamente

con franqueza manifestante digo,

las hierbas ve nacer su ágil mente

tras esperadas lluvias torrenciales

y el caudal al crecer en cada afluente

desbordando los cañaverales

y es más un bravo don que una condena

el poseer sus talentos naturales.

Blandos copos de la más dulce avena

destila su buen corazón por su amado,

amada es esta fiel hierbabuena

por un bendito santo enamorado,

que llovido cayó un día del cielo

moreno y con el porte acicalado,

el ángel blanco de su caro anhelo,

consorte regalándole su vida

y entregado sin pesar ni recelo

a adorar con fidelidad su querida,

gallardo mozo de coraje albino

apolo inmaculado en causa aguerrida,

de la mar de su amor el marino

pescador de corales ventureros,

de sus querencias el sutil adivino,

el más noble de todos los caballeros,

y ahora que son felices casados

el hornador de vástagos venideros

descendientes de estos afortunados

que se entregan a la común tarea

de formar la familia de adorados

retoños de su semilla y ralea

y puesto que estamos aquí reunidos

en común y armoniosa asamblea

les debemos los amigables cumplidos

que en su ronca dicción pronuncia el poeta,

perdonen la irrupción de mis sentidos

que la hora es de hacer la maleta,

sin vergüenza ni maliciosos oprobios

hinchemos el pulmón como un atleta

gritándoles entonces : ¡ vivan los novios !

 

 

© Manuel Verdes Piñeiro, agosto de 2011.

 

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