El cifrado Vigenère y cómo lo rompió Charles Babbage

 

 

La forma más simple de cifrar un mensaje, esto es, de conseguir a partir del texto original otro texto encriptado con forma de galimatías según el cual quede expresado el texto inicial, ha sido, desde que existe la criptografía, el algoritmo de sustitución. Dicho algoritmo se basa en hacer corresponder a cada letra del texto llano otra letra o símbolo, de acuerdo con un convenio entre el emisor y el receptor del mensaje. Por lo tanto ambos deben poseer la tabla de equivalencias y aplicarla para cifrar y posteriormente descifrar el mensaje.

El problema del algoritmo de sustitución es que el mensaje encriptado es en cierto modo fácil de descifrar, aún no poseyendo la tabla de equivalencias. El método que se debe emplear para tal fin fue descrito por primera vez por un sabio nacido en Bagdad en el año 801, llamado Al-Kindi, y que se dedicaba a la astronomía, a la matemática y a la medicina, teniendo también intereses como lingüista. El método que este estudioso describió se conoce como análisis de frecuencias, y consiste en analizar un texto suficientemente grande en un determinado idioma y cuantificar en él la frecuencia de aparición de cada letra. Una vez obtenida esta estimación de lo probable que es la aparición de todas las letras, se puede aplicar este conocimiento para hacer suposiciones sobre los símbolos más frecuentes del texto cifrado, y una vez que éstos han sido asignados se siguen haciendo suposiciones sobre los restantes símbolos de dicho texto, teniendo en cuenta por ejemplo que lo más probable antes o después de una vocal es una consonante y otras apreciaciones en base al conocimiento de la lengua en la que fue redactado el mensaje llano, hasta llegar a un mensaje coherente semánticamente, que será el texto descifrado. El punto débil del algoritmo de sustitución simple que se ha descrito es que una determinada letra se sustituye siempre por el mismo símbolo, por lo que es evidente que las frecuencias de las letras originales, que son similares aproximadamente al del alfabeto de que proceden en el contexto de la lengua utilizada, coinciden con las frecuencias de los símbolos cifrados, y es éste el tendón de Aquiles que aprovecha el análisis de frecuencias.

En criptografía ha habido siempre una lucha sin cuartel entre cifradores y descifradores. Los primeros han intentado con el paso de los siglos perfeccionar los métodos de cifrado hasta aproximarse a un encriptado perfecto. Los segundos han hecho acopio de verdadero ingenio para lograr métodos eficientes a la hora de echar por tierra el trabajo de los primeros. Así pues, el caso de la simplicidad del algoritmo de sustitución y de lo sencillamente que se vino abajo no fue una excepción.

 

 

La solución criptográfica al uso del análisis de frecuencias por parte de los descifradores vino por cuenta de un genio del Renacimiento, el polifacético Leon Battista Alberti, más conocido en sus facetas de arquitecto, matemático y teórico de la perspectiva. Su aportación quedó en el olvido por no escribir ningún tratado sobre la misma, pero fue posteriormente desarrollada por dos académicos llamados Blaise de Vigenère y Johannes Trithemius. Esta aportación se conoce con el nombre de cifrado polialfabético y consiste en utilizar el mismo alfabeto de sustitución para letras cuyo ordinal en el mensaje difiere en la longitud de una palabra utilizada como clave y diferentes alfabetos de sustitución para letras que no cumplen esa propiedad, estando cada alfabeto de sustitución determinado por cada letra de la palabra clave. Así pues, la cifra Vigenère consiste en escribir el mensaje llano sin cifrar y colocar encima de cada letra, en orden sucesivo, las letras de la palabra clave, repitiendo dicha operación deslizando dicha palabra clave una y otra vez hasta cubrir todo el mensaje. A continuación para cada letra de la palabra clave se consulta su alfabeto de sustitución correspondiente y se codifica la letra original como el sustituto para ella hallado en el alfabeto de sustitución parejo a la letra clave empleada. De este modo se obtiene un galimatías ciertamente bastante más robusto que si se emplease sustitución simple.

Pero,…,¿es factible el romper este esquema de cifrado?. El cifrado Vigenère fue inexpugnable durante casi dos siglos, pero allá por el año 1854, uno de los pioneros del cálculo automático, sobre el que escribí un artículo en esta bitácora, Charles Babbage, logró encontrar un método operativo para romper el cifrado Vigenère, aunque no publicó nunca sus resultados, siendo identificada su primicia mucho tiempo después al revisar sus notas.

¿Qué medio se le ocurrió a Babbage para esta tarea? Charles Babbage partió de que el número de letras de la palabra clave empleada determinaba el número de distintos alfabetos de sustitución usados. De esta manera, si por ejemplo dicha longitud era de cinco letras, ello significaba que cada carácter del mensaje original podía quedar cifrado de cinco maneras diferentes. Así pues, el primer paso a llevar a cabo era el determinar la longitud de la palabra clave. Suponiendo que se tenía un texto cifrado lo suficientemente largo, dicho primer paso se acometía aprovechando aquellas palabras que se cifraban de igual manera en el texto, me refiero por ejemplo a artículos o pronombres. Estas palabras aparecen cifradas con la misma equivalencia a lo largo del texto cuando los ordinales de sus letras constituyentes difieren en un múltiplo de la longitud de la palabra clave. De esta manera, viendo las palabras (cifradas) repetidas, determinando la diferencia entre los ordinales de sus letras en relación al inicio del texto y obteniendo los comunes divisores de dichas diferencias se podía obtener un conjunto de longitudes plausibles para la palabra clave. Se seguía el análisis usando la longitud más probable de entre las encontradas. El siguiente paso consistía en aplicar un análisis de frecuencias a aquellas letras del mensaje cifrado cuyo ordinal difiere en un múltiplo de dicha primera longitud supuesta. Como el cifrado polialfabético Vigenère con cinco letras en su palabra clave –por ejemplo- es equivalente a cinco cifrados monoalfabéticos (o cifrados simples de sustitución) que se van repitiendo en letras cuyo ordinal difiere en el mencionado múltiplo se tiene que para aplicar aquí el análisis de frecuencias basta con hacerlo cinco veces. Es algo similar a descifrar por análisis de frecuencias cinco mensajes que forman parte del total, y que son los formados por las letras con ordinales separados por la longitud de la clave. Evidentemente si con la primera longitud de clave bajo prueba no se obtenía nada coherente, se pasaba a la segunda más probable y se volvía a repetir el proceso hasta obtener con alguna de ellas el mensaje descifrado.

 

 

En realidad el cifrado polialfabético es un método robusto de criptografía, sobre todo si se usan claves muy largas. Casos particulares notables de este tipo de encriptación son el cifrado mediante la máquina Enigma, utilizado por el ejército nazi en la Segunda Guerra Mundial y el cifrado mediante libro de claves de único uso. Este segundo método que cito es el mecanismo perfecto de cifrado, ya que se basa en claves formadas por una secuencia aleatoria de letras de gran longitud, con lo que los mensajes pueden ser muy largos. Cada clave es de uso único y es conocida por emisor y receptor mediante un libro de claves. Aún así, el problema de la distribución de claves sigue vigente, ya que siempre es necesaria cierta logística para distribuir los libros entre los usuarios de este mecanismo, y por lo tanto en principio no es un método invulnerable. En la imagen superior de esta entrada aparece el sabio Al-Kindi. En la intermedia, Leon Battista Alberti, y en la inferior Blaise de Vigenère.

 

La estación emisora alemana Elektra-Sonne (Consol) de Cospeito (Lugo) – (9) El transmisor

  

 

Siguiendo con la serie de artículos dedicados al sistema radioeléctrico Consol, en el presente apartado trataré la filosofía del sistema transmisor, el cual en la estación de Arneiro (Cospeito) se hallaba emplazado en uno de los edificios ubicados a menos de 200 metros de la antigua (ahora ya no existente) antena central.

La misión del transmisor del sistema Consol era la de generar la señal de corriente de alta potencia que debía ser “colocada” en cada uno de los tres mástiles radiantes.

La operación del sistema Consol se basaba en dos partes diferenciadas, en la primera de las cuales–funcionando como baliza omnidireccional- sólo transmitía la antena central, emitiendo el indicador Morse de la estación modulando a la portadora, mientras que en la segunda parte –en la que se generaba la señal de orientación- una señal CW sin modular –que sonaría como un pitido continuo en un receptor- se aplicaba a la antena central, al tiempo que a la misma señal se le sometía a un programa doble de desfasaje, para generar así las dos señales de los mástiles radiantes extremos.

En esa segunda parte de transmisión de señal de orientación, la antena central emitía un tono de portadora, vibrando en la estación de Arneiro dicha portadora a la frecuencia de 285 KiloHerzios. Ahora bien, si empleamos este mismo tono de portadora sin modular en los tres mástiles radiantes, no obtendríamos el diagrama de radiación de rotación lenta de un radiofaro. Para ello, y de acuerdo con el dibujo de más arriba, la antena central emitía la portadora sin ninguna modificación en su fase en dicha fracción de tiempo de orientación (segunda parte) eso sí con una potencia que era doble a la de las antenas laterales (esto es, una amplitud de señal aproximadamente cuádruple). Al mismo tiempo, la portadora era sometida a un régimen de desfasaje compuesto de dos partes, para la cual existían sendos circuitos. Primeramente a la señal sin modular se le practicaba un desfasaje brusco periódico P por saltos de 180º, generando así dos señales retardadas en esa cantidad, y después se les añadía además un desfasaje D continuo que variaba entre 0º y 180º. De este modo se obtenían dos señales diferentes entre las cuales mediaba un retardo (o desfase) de acuerdo con el régimen doble, y que eran aplicadas a las antenas de los extremos. El desfasaje resultante variaba, pues, con una forma parecida a la hoja de una sierra. El régimen de tipo P con saltos bruscos era el responsable de que al sintonizar en alta mar el receptor con los 285 KHz., en este caso, de Consol de Arneiro, se oyesen puntos más fuertes entre los que había rayas más débiles o viceversa, y al considerar dicho régimen combinado con el régimen continuo D lo que se obtenía es que la envolvente de los puntos iba creciendo y la de las rayas decreciendo (o viceversa) hasta hacerse iguales en el instante de equiseñal.

¿Por qué se hacía esto así?. La razón de que se añadiera ese desfasaje variable y periódico (con periodicidad de 1 minuto para las estaciones de Arneiro, Sevilla y Stavanger y tiempo de permanencia de las tres señales con idéntica fase –momento en que el régimen P generaba 180º y el D generaba 180º- de un sexto de segundo), será explicada con una analogía física en el siguiente párrafo.

Supongamos tres personas alineadas, separadas entre sí –cada dos consecutivas- por una cierta distancia igual, que saltan a la misma frecuencia de repetición en un lago grande de poca profundidad. Si el salto entre las tres personas es siempre síncrono, esto es, tocan el agua en el mismo instante los tres, cada una de las tres personas generará la misma onda esférica plana, y el resultado total de la triple acción humana en cada punto del lago resultará ser la suma de cada contribución particular. Ahora bien, para cada dirección particular considerada desde el saltador central, los tres frentes de onda llegarán con distintas fases, con lo cual la interferencia que crearán según cada dirección tendrá diferente amplitud, pues el resultado de sumar vectorialmente en el plano complejo los tres fasores puede dar un fasor resultante de mayor módulo que cada uno de los tres por separado, o podría ser también de menor módulo que  el máximo módulo de dichos tres fasores, el primer caso sería una interferencia constructiva y el segundo caso sería una interferencia destructiva; y en general dichos tres fasores pueden aparecer según combinaciones de diferentes estados de vibración parejos a distintos ángulos de fase aunque sus amplitudes sean aproximadamente iguales-. De este modo, como en la dirección perpendicular a la de alineamiento entre las tres personas, las tres ondas llegan al frente de onda con la misma fase, esto es, en el mismo estado de vibración, debido a que en esa dirección los retardos de cada una hasta llegar al frente de fase son idénticos en una posición lo suficientemente alejada de los saltadores, se deduce que según esa dirección, y en campo lejano, las tres ondas se suman sin más, dando lugar a la interferencia más constructiva que puede existir, según la cual las tres amplitudes de vibración se suman tal cual para dar la amplitud resultante.

Supongamos ahora que entre los instantes de salto de las dos personas extremas, utilizando la central como referencia, aplicamos el doble régimen de desfasaje utilizado en el sistema Consol. Como hablar del desfasaje entre dos señales es equivalente a hablar del retardo que media entre ellas, lo que sucederá es que los tres saltadores sólo saltarán síncronamente en el sexto de segundo en el que el régimen P aporta 180º y el régimen D también 180º, y en el que permanecen las tres ondas transmitidas con la misma fase. En todo el tiempo restante del intervalo temporal de 1 minuto el primer saltador será el primero en saltar, seguido del segundo saltador por un tiempo cada vez mayor, y siendo esa diferencia temporal la misma que media entre el segundo y el tercero saltadores y arrancando con un valor de la cuarta parte del período de repetición de saltos, de manera creciente hasta ser una diferencia de valor igual a dicho período, o equivalentemente un desfase de 360º = 0º. ¿A qué da lugar esta disposición de retardos temporales?. En cada configuración particular instantánea de retardos, en un momento dado del doble régimen, las tres ondas planas esféricas de los tres saltadores se sumarán tal cual (en fase) en una determinada dirección, en general diferente de la dirección perpendicular. Además, como es lógico, habrá solución de continuidad espacialmente temporal en la dirección así establecida, como es de esperar dado que la disposición instantánea de retardos también varía suave y continuamente en el tiempo. Por lo tanto, la dirección de interferencia totalmente constructiva o de máximo valor de la onda total irá girando. En realidad todo lo que aquí he dicho debe ser ampliado, ya que habrá más direcciones de máxima interferencia que una, dado que todas aquellas direcciones en que las tres ondas llegan con desfases de múltiplos de 360º, equivalentemente retardos múltiplos del periodo de repetición de saltos, también darán lugar a interferencias totalmente constructivas en campo lejano (se habla de campo lejano en radiación de ondas refiriéndonos a lugares lo suficientemente alejados de la estación transmisora como para que ahí las ondas esféricas puedan ser consideradas como planas). Por lo tanto, lo que se tiene en realidad es un conjunto de líneas de máxima amplitud que van girando alrededor, con variación continua angularmente entre ellas, dando lugar a algo parecido a un faro.

 

 

Si ahora aplicamos esta analogía al sistema radiante formado por las tres antenas, con su régimen de desfasaje implícito, habremos conseguido en realidad un radiofaro, con un cierto número de lóbulos girando a la misma velocidad en torno a la estación transmisora. En el anterior esquema se representa el régimen de desfasaje brusco y periódico P.

A continuación se detallan los datos técnicos relativos a la transmisión que se efectuaba desde la estación Consol de Arneiro en los años 1957 y 1966, extraidos de la publicación del Instituto Hidrográfico  de la Marina “Radiofaros Consol –publicación especial número 2-“.

 

 

ESTACION CONSOL DE ARNEIRO (LUGO) - (Datos técnicos de 1957) 

 

Situación :  Latitud 43º 14’ 53’’,29 N.  Longitud 7º 28’ 55’’,89 W.

Frecuencia : 285 KHz. (1052,6 metros).

Tipo de onda : A 1.

Potencia : 1,5 Kwatt.

Características de emisión :

a)   Emisión omnidireccional = Indicativo LG (.-.. –.) y raya larga durante 60 segs.

b)   Emisión de orientación = Puntos de 1/6 de seg. y rayas de 5/6 de seg. durante 60 segs.

Período total : 120 segundos.

Horario de emisiones : Continuo.

Sectores utilizables : Del 019º al 157º y del 199º al 337º.

 

 

ESTACION CONSOL DE ARNEIRO (LUGO) - (Datos técnicos de 1966) 

 

Situación :  Latitud 43º 14’ 53’’,29 N.  Longitud 7º 28’ 55’’,89 W.

Frecuencia : 285 KHz. (1052,6 metros).

Tipo de onda : A 1.

Potencia : 1,5 Kwatt.

Características de emisión :

a)   Emisión omnidireccional = Indicativo LG (.-.. –.) durante 5,0 segs.; silencio 2,5 segs.

b)   Emisión de orientación = Puntos y rayas durante 30 segundos.

c)   Omnidireccional también = Silencio 2,5 segs.; raya larga 17,5 segs.; silencio 2,5 segs. 

Período total : 60 segundos.

Horario de emisiones : Continuo.

Sectores utilizables : Del 019º al 157º y del 199º al 337º.

 

 

Para ya finalizar esta entrada, se representa una “fotografía” de un corte horizontal del diagrama de radiación en un instante determinado de la rotación lenta del mismo.

 

 

 

 

De viaje por Doncos (As Nogais)

 

 

He vuelto a estar en la zona de As Nogais y he tomado estas preciosas fotografías de un valle de esta localidad. La población que aparece al fondo se llama Doncos, y pertenece al ayuntamiento de As Nogais, en la provincia de Lugo. Como el día era muy bueno para la fotografía, dado que había mucha luz, el resultado me parece digno de ser publicado, y por eso aquí os dejo estas bonitas fotos. Es mi personal forma de reivindicar que para observar parajes bellos no hace falta viajar muy lejos, ni siquiera a lugares exóticos. Tenemos ante nuestras propias narices, en nuestros pueblos, aldeas y costas españolas, sitios con gran encanto que están esperando a que los descubramos. Esta forma de pensar nada tiene que ver con el chovinismo o el egocentrismo, simplemente se trata de un intento de ensalzar nuestra geografía, que en principio no tiene por qué no estar en pie de igualdad con otras geografías de otros países o continentes.

 

 

 

Crimen perfecto

 

 

En el año 1954 el genial Alfred Hitchcock, sin duda uno de mis directores favoritos (tal vez el que más) dirigió la película “Crimen perfecto” (en el original “Dial M for Murder”), en la que participan el oscarizado Raymond Milland –recibió el galardón por su interpretación en The Lost Weekend-, la bellísima Grace Kelly y el conocido actor de aquella época Robert Cummings, entre otros actores.

Ayer volví a verla una vez más, puesto que esta película tiene un argumento y un desarrollo de la acción tan bien estructurado e hilvanado que siempre le puedes sacar algún detalle en cada nuevo visionado. De este film lo primero que hay que comentar obligatoriamente es que se trata de uno de los mayores exponentes del cine de intriga del director británico, el cual parecía tener un sexto sentido para elegir los guiones y guionistas y para desarrollar aquéllos como película. También se debe mencionar que la acción se desarrolla íntegramente en el apartamento de los protagonistas, y que esto condiciona ya de por sí que para que el producto final fuese de calidad se requería una trama lo más ingeniada posible, puesto que lo “único” que se usa en “Crimen perfecto” es precisamente eso: un argumento buenísimo, unos actores geniales y un apartamento. Una buena muestra de cómo ha cambiado el modo de hacer cine.

“Crimen perfecto” trata sobre la práctica del ingenioso y calculado plan que trama el tenista retirado Tony Wendice (Ray Milland) para asesinar a su esposa Margot (Grace Kelly), al averiguar que ésta le es infiel con un escritor de novelas policíacas (Robert Cummings), y con el objetivo añadido de conseguir las riquezas de su esposa por mediación del testamento que ya está regularizado. Para desarrollar su plan, el ex-tenista profesional cuenta con la ayuda de un antiguo compañero de universidad que en la actualidad lleva una existencia turbia y al margen de la ley, y de cuya vida hace profundas averiguaciones, para así poder chantajearlo con el aliciente añadido de una suma de dinero de 1000 libras por el trabajito que le encarga. Valiéndose de una perspicacia, ingenio, agudeza y dotes de persuasión suprahumanas, Tony Wendice logra convencer al ahora asesino a sueldo capitán Lexgate para que desempeñe la tarea que le encomienda, la cual está perfectamente calculada, y que podría ser verdaderamente un crimen perfecto si no ocurriesen ciertas eventualidades que después suceden en la película.

El día previsto para el asesinato, el ex-tenista y el amante de su mujer se van a cenar juntos, quedando ella sola, y cuando el verdugo llega y se prepara para asesinarla, ella se defiende y resulta él muerto. El resto de la película trata sobre cómo investiga el caso el inspector del Departamento de Investigaciones Criminales, en una carrera contra el reloj para salvar de la ejecución a Margot, la cual es declarada culpable de asesinato en el juicio por supuesto homicidio.

A grandes rasgos es éste el argumento, aunque como es lógico la trama es más compleja y está muy bien estructurada. Lo que me gusta más de la película es el lío que se monta en relación a qué llaves son de cada persona, que resulta ser la clave de la película y la razón de que el Inspector averigüe cuáles fueron los verdaderos hechos acaecidos, descubriendo así el plan que tan perfectamente había hilvanado Tony Wendice.

Debo reconocer que esta es una de mis películas favoritas del maestro del suspense, si bien es cierto que ninguna de ellas me parece esencialmente mala. Tal vez fuesen los primeros productos en su trayectoria de director, y no todos, sólo algunas de las películas de su etapa británica, los que me parecen un poco deficientes, en parte por la mala conservación y calidad de los films y en parte porque en aquella época las tramas que llevaba el gran Hictch a la pantalla no estaban tan acabadas como las de su etapa americana. En esta última etapa, la americana, fue cuando puso en práctica verdaderamente su auténtica maestría, legándonos productos tan aplaudidos por todo el mundo como “La ventana indiscreta”, “Con la muerte en los talones”, “Psicosis” o “Los pájaros”, y que lo aúparon como un verdadero genio del séptimo arte.

 

Visita al Museo Nacional de Ciencias Naturales: (1).- Exposición sobre biodiversidad

 

Comienzo con esta entrada el conjunto de artículos dedicados al contenido actual del Museo Nacional de Ciencias Naturales, situado en Madrid, en el número 2 de la calle José Gutiérrez Abascal, muy cerca de la parada de metro de Gregorio Marañón, y mismo enfrente del Paseo de La Castellana. El precio de la entrada es de 5 euros para adultos, y está abierto todos los días de la semana, exceptuando los lunes.

El Museo de Ciencias Naturales dispone de un conjunto de salas que albergan diferentes exposiciones, algunas de ellas cambiantes a lo largo del año, como ocurre con la actual dedicada  a la biodiversidad, la que tiene como temática la vida y obra del científico español Graells, descubridor del lepidóptero Graellsia Isabellae, o la que trata el tema de la acuicultura. Además, en el museo también se hallan exposiciones que no varían en todo el año, que son las restantes que lo conforman, a saber, la sala Mediterráneo, dedicada a la fauna propia del entorno de este mar, expuesta mediante la forma de magníficos dioramas, el Real Gabinete y el almacén del museo, que recogen una importantísima colección de animales disecados, la biblioteca del museo, dotada de valiosos volúmenes, y a la que sólo se puede acceder durante la semana, la exposición de meteoritos y de fósiles y minerales, y la exposición de dinosaurios –actualmente cerrada por obras-.

Así pues, inicio una serie de documentos que giran en torno a cada una de las salas que me han parecido más interesantes, y más concretamente con una entrada dedicada a la actual exposición dedicada a la biodiversidad.

La siguiente fotografía, que representa una recreación del animal prehistórico conocido como mamut, ancestro de los actuales elefantes, no forma parte de dicha exposición sobre biodiversidad, pero por su interés la reproduzco aquí.

 

 

Entrando ya en tema, los ecosistemas que se han elegido para dar fe de lo diversa que puede ser la fauna de un determinado nicho biológico y la alta variabilidad entre distintos nichos ubicados a lo largo y ancho del mundo, han sido el de las llanuras y sabanas africanas en el Oeste del Níger, el de la Reserva de Sariska en la India, y el de la comarca de Montensinho en Portugal. El animal de la siguiente foto es un leopardo, conocido como Panthera pardus por los hombres de ciencia. El leopardo desapareció del Oeste del Níger víctima del furtivismo a que se vio sometido, dado el gran valor que alcanzó su piel, pero actualmente ha vuelto a recolonizar dicho enclave gracias a las actuales políticas conservacionistas.

 

 

El animal que sigue es un serval (Leptaiulurus serval), dotado de largas patas que le permiten serun hábil cazador en lugares donde la hierba es alta, y que tiene como principales enemigos al leopardo y al hombre, éste último aprecia mucho su piel y como ocurrió con el leopardo su población está disminuyendo a lo ancho de África.

 

 

A continuación se representa un cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), una de las tres especies de cocodrilos en África, y el segundo en tamaño en el mundo. Este animal se extiende por una gran parte del continente africano, y habita lagos y ríos de agua dulce, donde acecha aquéllos otros animales que se acercan a beber, arrastrándolos hacia el agua, donde los ahoga. Puede medir hasta 5 y 6 metros, y actualmente está sometido a una fuerte caza por el hombre, quien lo captura por su carne y piel.

 

 

En la foto que sigue aparece un chacal (Canis aureus), cánido que habita la región euroasiática y que tiene hábitos nocturnos. Su actividad suele ir asociada a la de otros depredadores como el tigre o el león, ya que según se cree los avisa mediante sonidos de la presencia de presas, dado que de este modo se asegura una ración de comida basada en los restos.

 

 

A continuación aparece una fotografía cuya objeto consiste en un curioso nido de pájaro africano, completamente cerrado y con una abertura superior por donde entran y salen los consortes.

 

 

El animal africano que aparece en la siguiente imagen es un cerdo hormiguero (Orycteropus afer), especie nocturna consumidora de termitas y hormigas, que tiene costumbres cavadoras, ya que es capaz de construir refugios subterráneos para protegerse de sus depredadores naturales, refugios que una vez deshabitados son reutilizados por otros animales como lagartos y culebras.

 

 

Poco se me ocurre que decir que no se conozca ya de los protagonistas de la fotografía que sigue, una pareja de leones africanos.

 

 

El bushbuck de la imagen colocada a continuación, de nombre científico Tragelaphus scriptus, es un discreto tipo de antílope nocturno que habita el África subsahariana y tropical, exceptuando la selva ecuatorial. Es una especie que no se halla en peligro de extinción y que es apreciada por su carne por el hombre y también por depredadores naturales como el león.

 

 

El antílope de la siguiente fotografía pertenece a la especie conocida como hipotrago (Hippotragus equinus), el mayor antílope de la región del Oeste del Níger, muy apreciado por su carne por los cazadores gourtmanché y por depredadores como el león, y que ha sufrido una notable disminución de sus efectivos.

 

 

El buitre moteado (Gyps ruepelili) es una ave carroñera en situación de conservación de casi amenaza, aunque es abundante en el Oeste del Níger, donde construye sus nidos a baja altura en baobabs y tamarindos. Algunas partes de su cuerpo son utilizadas por los hechiceros para hacer gris-gris (amuletos).

 

 

El tigre (Panthera tigris) es el mayor de los carnívoros y su camuflaje rayado le permite confundirse con las hierbas de la sabana y de la jungla. Es un animal solitario, cuyo territorio ronda los 50 kilómetros cuadrados, siendo su principal alimento los herbívoros como gacelas, antílopes y ciervos. En el continente asiático, la presión selectiva a la que somete a sus víctimas es fundamental para controlar su demografía y su estado sanitario.

 

 

La fotografía siguiente representa a dos lepidópteros de la familia de los Satúrnidos, más concretamente dos satúrnidos habituales de la India. El de la izquierda es la mariposa Actias selene y la de la derecha la Atacus Atlas.

 

 

En la imagen que sigue aparece fotografiada una colección de abejas y libélulas.

 

 

El caracal (Caracal caracal) es un felino de tamaño medio de hábitos nocturnos que vive en las sabanas y semidesiertos de África y del Sur y Oeste de Asia. Aunque se desconoce mucho sobre su biología, se sabe que es capaz de capturar a las aves en vuelo bajo, mediante su poderoso salto. Es una especie protegida en la actualidad.

 

 

El langur (Presbytis lentellus) es considerado divino por los hindúes, quienes ven en él al Dios mono Hanuman. Es abundante en la Reserva de tigres de Sariska, donde los hombres prestan suma atención a sus gritos, que suelen avisar de la presencia de depredadores. En los templos y santuarios viven grandes cantidades de estos monos sagrados, y los peregrinos les hacen ofrendas de alimentos.

 

 

El pavo real (Pavo cristatus) es uno de los símbolos nacionales de la India, donde existe como especie salvaje autóctona. En Sariska los pavos reales deambulan por la selva por el día y duermen en las ramas de los árboles por la noche. Presentan dimorfismo sexual, la cola genuina del macho sirve como semáforo territorial y como causa de atractivo para las hembras. El pavo real es considerado un animal sagrado, por considerársele la montura de Skanda, el dios de la guerra. Además, en la iconografía india, Sarasvati, la diosa de las artes y del conocimiento es representada siempre junto a un pavo real.

 

 

El zorro (Vulpes vulpes) es el mayor depredador de la zona de Montesinho después del lobo, por estar en dicha comarca extinguidos el oso y el lince ibérico. Se trata de una especie muy importante para el control demográfico de algunos micromamíferos y de ciertos insectos.

 

 

El jabalí (Sus scrofa) es una especie tradicionalmente de interés cinegético que ha visto como en los últimos años su población ibérica ha aumentado mucho, a causa del abandono de gran cantidad de lugares rurales, y ha prosperado con el crecimiento de la vegetación y del bosque. Esta especie ha sido desde hace tiempo perseguida por los agricultores por los destrozos que produce en los cultivos. Su único depredador natural es el lobo, el cual tiene mayor predilección por los ejemplares jóvenes.

 

 

El lince ibérico (Lynx pardinus), pariente del serval africano, es un animal fuertemente amenazado en la península ibérica y en algún momento de nuestra reciente historia se temió por su supervivencia como especie.

 

 

Los habitantes de Montesinho creen que existe una asociación entre el áquila real (Aquila chrysaetos) y el lobo, ya que es creencia popular el que aquélla avisa al lobo donde existen presas, para después ella poder alimentarse de los restos. El águila real es una especie fuertemente amenazada.

 

 

Para ya finalizar, en la siguiente y última fotografía de esta entrada, aparece una caja de colección entomológica con representantes genuinos de lepidópteros ibéricos, más concretamente de tres familias diferentes que aparecen en la península: la familia Lycaenidae, la familia Papilionidae, y la familia Nymphalidae.

 

 

Espero que os hayan gustado estas fotografías tomadas en la exposición sobre diversidad. La próxima entrega sobre esta visita al Museo de Ciencias Naturales tratará sobre lo que he visto en los sótanos del Real Gabinete.

 

 

La ecuación de quinto grado, la teoría de grupos, y el genio de Niels Henrik Abel y de Évariste Galois

 

 

En pleno romanticismo, dos jóvenes matemáticos de vidas tremendamente atormentadas, y que fallecieron en trágicas circunstancias, revolucionaron la ciencia de los números, con implicaciones posteriores muy grandes, que cubren por ejemplo la quintaesencia de la naturaleza de las teorías físicas actuales o la concepción artística de la belleza. El hallazgo de estos dos genios sin igual que a adolescentes edades dieron tal muestra de poder creador son las leyes de la simetría, y constituyen una condición implícita en el universo, que aparece en el aparato físico-matemático construido en torno de la teoría de la relatividad general, así como de la teoría de cuerdas; hallamos la simetría en las fuerzas básicas de la naturaleza, en el modelo estándar de partículas, en algunos teoremas -como el que descubrió la matemática Emmy Noether en relación al hecho de la correspondencia de ciertos tipos de simetría con la conservación de algunas magnitudes físicas-, en las composiciones musicales de Mozart o de Bach, en los cuadros de infinidad de pintores, en problemas como el del cubo de Rubik, y en contextos donde nunca habríamos imaginado que las matemáticas tienen algo importante que decirnos.

¿Qué es la simetría?. Se entiende científicamente por simetría a la propiedad de que aplicando ciertas transformaciones sobre algún objeto geométrico, físico o matemático (cuando digo matemático me estoy refiriendo por ejemplo a una ecuación u otra entidad de la matemática) se obtiene otro de idénticas propiedades que el primero. Es decir, los objetos, sean de la índole que sean, que poseen simetría preservan sus características bajo ciertas transformaciones. Y por características se pueden entender muchas cosas, según sea lo que estemos analizando. Por ejemplo, los más comunes cristales de nieve, con forma de estrella de 6 puntas, poseen simetría geométrica según rotaciones en ángulos de 60º, 120º, 180º, 240º, 300º, 360º, y en general múltiplos de 60º. Tampoco varía su geometría ante la transformación de reflexión especular, y como es lógico, ante transformaciones resultantes de reflexión seguida de giro o viceversa. En este caso lo que se preserva es la forma del cristal de nieve ante transformaciones que lo giran y/o que obtienen su imagen reflejada. Otro ejemplo de simetría lo constituyen las leyes de Newton de la física clásica. Presentan simetría traslacional y rotacional, ya que dichas leyes no varían aunque variemos nuestra posición viajando en el universo, o aunque variemos nuestros ejes cartesianos de referencia y por lo tanto nuestra orientación. Otro tanto ocurre con las ecuaciones de campo de la teoría de la relatividad general, las cuales son simétricas según cada una de las variables dimensionales, según rotaciones en torno a diferentes ejes, y según traslaciones en el tiempo. Estos hechos precisamente son una fortuna para nosotros, puesto que nos permiten saber cómo se comporta el Universo conociendo nuestra vecindad más próxima.

 

 

Pero, ¿cuál fue el origen del estudio de los grupos de transformaciones que preservan propiedades y que dan lugar a la simetría?. Por increíble que parezca, el estudio de esta característica omnipresente en la Naturaleza y en el Universo, nació como punto y final de una de las mayores frustraciones de los matemáticos de toda la historia, tras al menos cien años de trabajos infructuosos llevados a cabo por verdaderas eminencias, y motivado por la búsqueda de la solución de la ecuación de quinto grado. Las ecuaciones de primer y segundo grado se llevan resolviendo desde hace muchísimo tiempo. No hay mayor misterio en esto, y de hecho se enseña a obtener sus soluciones en los primeros cursos de la enseñanza secundaria. Las soluciones de las ecuaciones generales de tercer y cuarto grado tuvieron que esperar al genio de Scipione Dal Ferro, Tartaglia, Cardano y Ludovico Ferrari, y por cierto, sus respectivos hallazgos se vieron envueltos en un poderoso halo de malsana competencia, de los más abyectos instintos y en general de una lucha auténticamente vil en la búsqueda de la prioridad o primicia. Sin embargo, después de estos notables logros, la cosa se estancó por décadas. A cada intento de encontrar solución a la ecuación general de quinto grado le sucedía el respectivo fracaso.

En general, es un hecho bien conocido que por el teorema fundamental del álgebra toda ecuación de grado N tiene exactamente N soluciones, que pueden ser en parte complejas y en parte reales, todas complejas, o todas reales. De acuerdo con esto, no tiene sentido imaginar si una ecuación tiene o no soluciones, de seguro que las tiene, la cuestión es obtenerlas mediante operaciones básicas como la suma, la resta, la multiplicación, la división y la extracción de raíces cuadradas. Cuando se obtiene una fórmula de este tipo que utiliza dichas operaciones y que relaciona mediante ellas a las soluciones con los coeficientes de la ecuación se dice que se ha hallado una solución por radicales. Era esta solución por radicales lo que buscaban los matemáticos, por la inercia metódica de las resoluciones de ecuaciones de menor grado, y sumidos en la mayor de las ignorancias en relación a cómo debía ser enfocado el problema.

Pero para desentrañar el tan ansiado misterio hizo falta la perspicacia, la inteligencia, la imaginación, el pensamiento lateral al máximo exponente, de dos genios como el noruego Niels Henrik Abel y el francés Évariste Galois, en una época convulsa por luchas intestinas en países como Francia, -donde los republicanos pretendían sacar del poder a la recién instaurada monarquía borbónica-, una época, como digo, en la que la epidemia de cólera avanzaba por Europa y en la que se imponía en las letras y en los hombres el movimiento romántico.

A pesar de su juventud, y de sus orígenes humildes y traumáticos, hijo de un hombre dado a la bebida y de una mujer de moral alegre, Henrik Abel logró llamar la atención de su profesor de matemáticas a una temprana edad, y gracias a ello obtuvo una ayuda económica para viajar al extranjero y alimentarse de las verdaderas fuentes de sabiduría que había en las universidades europeas. Tras una argumentación verdaderamente ingeniosa en la que se pasaba del problema original a uno equivalente, Abel demostró que no es posible obtener una solución a la ecuación general de quinto grado mediante radicales. Y aún más, años más tarde se descubrió en uno de los objetos matemáticos que debemos a él, en concreto las funciones elípticas, el verdadero instrumento que es necesario emplear si queremos solucionar dicha ecuación. Sin embargo, el destino quiso que el estipendio que recibía Abel se viera cercenado, y como no poseía un puesto docente en ninguna universidad, ya que su candidatura había sido declinada a favor de otro matemático de más edad y experiencia en la enseñanza, se vio sumido en la miseria, en la más ruin de las pobrezas. ¿Cómo le puede pasar esto a un genio?. En este caso sucedió por la incompetencia de la burocracia y del régimen educativo y gubernamental, y por la terrible enfermedad de Abel, que vio cómo su vida terminaba a la edad de 26 años, víctima de tuberculosis, y sumido en la más denigrante y humillante de las miserias.

 

 

Pero si hay una vida más desdichada aún que la de Abel, ésa es la de Évariste Galois. Hijo de un alcalde francés que se suicidó a causa de las falsas descalificaciones a las que se vio sometido y de una culta y capacitada mujer, que le inculcó ella misma las bases del conocimiento a temprana edad, y tras pasar por una escuela donde según se cuenta era frecuente ver los paseos de las ratas entre los estudiantes, Galois se presentó con un año de antelación al examen de ingreso en la Escuela Politécnica Francesa, la meca intelectual que dio tantos y tantos prohombres en las ciencias. Este primer intento se vio frustrado con un suspenso, y debido a ello Galois se vio forzado a entrar en la Escuela Normal, de menor fama y categoría que la primera. Este hecho, unido a que su innovador trabajo sobre las condiciones para resolver ecuaciones algebraicas (“Mémoire sur les conditions de resolubilité des équations par radicaux”)  fue extraviado y olvidado, desde mi humilde opinión deliberadamente, por matemáticos como Cauchy –que en su plena fase egocéntrica no tenían el sentido común como para reconocer que el trabajo de Galois era una superación extraordinaria a todo lo que antes se había escrito sobre resolución de ecuaciones, y que probablemente no deseaban que trascendiese que un sujeto de tan temprana edad consiguiera algo que ellos no habían logrado, con la circunstancia coadyuvante de la dificultad de comprensión del trabajo de Galois-, y no sólo una sino hasta en dos ocasiones –algo parecido le había ocurrido al trabajo de Abel-, desembocó en la cimentación de un carácter fuertemente revolucionario que hallaba su viva expresión en sus ideales políticos en contra del Duque de Orleáns, que a la sazón era el gobernante en Francia cuya elección se había basado en su mediación entre la monarquía y el republicanismo, estando los ideales de Galois a favor de la segunda opción. Galois intentó por segunda vez entrar en la Escuela Politécnica, sin embargo, según se cree, su hábito de hacer todos los cálculos mentalmente y escribir sólo la solución o poco más que ella, así como la ineptitud de los dos profesores que lo examinaron condujeron a que de nuevo no pasara el examen de entrada a la mencionada institución educativa. Esto sumió a Galois en una profunda desesperación, que llevada de la mano de su carácter impulsivo, apasionado y genuinamente romántico, desembocaron en el poco conveniente hecho de que en una comida a la que asistían personas vinculadas con las ideas republicanas alzó su navaja por delante de sí mismo invocando al nombre del Duque de Orleáns. Se cree que fue este uno de los factores que contribuyeron a fomentar su detención por las autoridades. Fue llevado a prisión, acompañado de otros muchos revolucionarios, y según se piensa en algún momento pudo sufrir ideaciones paranoides, acompañadas de un intento de suicidio. Pero este atormentado modo de vivir aún tuvo un colofón más trágico. Después de su salida de prisión, se instaló en una casa de salud, costumbre habitual entonces aplicada a los prisioneros recién liberados, donde se enamoró de una joven vinculada con los dueños. A causa de un desengaño amoroso con esta chica, en el que la fémina se sintió ofendida por Galois, y en plena vigencia del código del honor, se cree que lo que sucedió fue que uno de sus amigos de ideas republicanas salió en defensa de ella, y como consecuencia se preparó un duelo entre Galois y su amigo, mediante el estilo tradicional de pistolas y cuenta de pasos. La noche previa al duelo, y con motivo de su profunda convicción de que iba a morir, la actividad de Galois fue un continuo frenesí, escribió algunas cartas y redactó los bosquejos y algunos resultados importantes de lo que se conoce actualmente como teoría de grupos, que es la base matemática necesaria para saber si una ecuación de cierto grado tiene solución por radicales, y que sirve para estudiar todas las posibles simetrías de cualquier tipo de ente, geométrico, físico o matemático. Un disparo alcanzó el costado del matemático y murió algunas horas más tarde posiblemente de peritonitis. Se dice que sus últimas palabras, dirigidas a su querido hermano Alfred fueron: “no llores, necesito todo mi coraje para morir a la edad de 20 años”. ¿Puede haber una vida más trágica?.

Pero…¿en qué consiste la teoría de grupos, o para empezar, qué es un grupo?. Un grupo es un conjunto de elementos de idéntica naturaleza (que puede ser en principio de cualquier tipo), acompañado de una operación binaria interna (esto es, un elemento del grupo operado con otro da como resultado otro elemento del mismo grupo), que se suele llamar producto interno, y que verifican las propiedades de asociatividad (coincide el resultado de la operación entre dos elementos operado con un un tercero con la operación entre el primero y el resultado de la operación del segundo y del tercero), existencia de elemento neutro dentro del grupo (un elemento tal que cualquier otro elemento operado con él, independientemente del orden empleado, da como resultado el propio elemento), y existencia de elemento inverso (para todo elemento existe otro elemento del grupo tal que su producto da como resultado el elemento neutro). Esta es la base de toda una teoría que en la actualidad abarca una gran cantidad de definiciones, resultados, y teoremas, y que vertebra materias y objetos tan dispares como los que enumeré al principio de esta entrada.

Por otra parte, un subgrupo es un subconjunto que forma parte de un grupo y que tiene además la estructura (cumple las propiedades) de grupo. Se dice que un subgrupo es normal en relación a otro del que forma parte, cuando dado cualquier elemento a del subgrupo se verifica que, para todo elemento b del grupo mayor del que forma parte, el resultado del producto inverso(a) (operado con) b (operado con) a, pertenece a dicho subgrupo.

Así pues, ¿qué relación tiene la teoría de Galois con la resolubilidad de ecuaciones por radicales?. Pues haciendo acopio de un mayúsculo talento e imaginación, Galois logró ver que ciertas combinaciones de las soluciones de cualquier ecuación algebraica presentan simetría mediante su transformación por los elementos de un grupo parejo a cada ecuación, que hoy en día es conocido como grupo de Galois. El joven matemático fue capaz de darse cuenta que el mayor grupo de Galois que preservaba dichas combinaciones de operaciones básicas para una ecuación general de un determinado grado era el grupo de permutaciones de los elementos, denominado también grupo simétrico, y que posee un total de N! (factorial de N) elementos o transformaciones.

Y aún más, logró desarrollar esta idea innovadora y darse cuenta de que la condición necesaria y suficiente –esto es, equivalente- para que una ecuación general de grado N tenga solución por radicales es que su grupo de Galois esté formado por subgrupos normales contenidos en él al estilo de las muñecas rusas, con el matiz añadido de que los grupos cocientes de la serie sean abelianos. Dicho de una manera intuitiva, cada subgrupo normal interno al grupo de Galois de la ecuación resoluble (cada uno de ellos dentro de otro de orden o número de elementos superior) representa el conjunto de transformaciones que preservan por simetría ciertas combinaciones de soluciones de una ecuación de menor grado que la asociada al grupo “padre”, y de este modo es necesario y suficiente para resolver dicha ecuación bajo análisis que todos los subgrupos de dicho grupo de Galois, asociados a ecuaciones de menor grado, sean normales, así como que cada dos grupos consecutivos de la descomposición formen un grupo cociente abeliano. Es algo similar y equivalente a pensar que para resolver una ecuación por radicales es imprescindible saber resolver las ecuaciones de menor grado que aquélla también por radicales. Como consecuencia, dado que siguiendo la teoría de Galois, se advierte que la ecuación de quinto grado NO TIENE SOLUCIÓN POR RADICALES, también se deduce entonces que esto mismo sucede para las de sexto grado, séptimo grado, octavo grado, y en general todos los grados superiores o iguales a 5.

Para conseguir su logro, Évariste necesitó gestar una gran revolución en la matemática, que pasó literalmente desapercibida para sus contemporáneos, en parte involuntariamente por la complejidad y la novedad inherentes, y en parte de forma voluntaria a causa del imperio de los instintos más bajos del ser humano. Esta revolución supuso un antes y un después, literalmente Galois descubrió por sí mismo, una única persona –al estilo del genio clásico-, una nueva rama de las matemáticas, la teoría que tantas y tantas aplicaciones ha tenido y tendrá y que constituye una de las partes del verdadero núcleo del álgebra abstracta. Como las innovaciones en matemáticas son imperecederas y eternamente poseedoras de verdad, los logros de Galois sirvieron para encumbrarlo y otorgarle “cierto grado de inmortalidad ”, al igual que a Abel, cuyo nombre designa uno de los premios más importantes en la disciplina matemática en la actualidad, pero esa inmortalidad de muy poco le sirvió a estos desdichados, que no pudieron por sus circunstancias propias saborear las mieles del éxito ni siquiera vivir vidas dignas o más felices.

A modo de humilde y siempre insuficiente homenaje, copio a continuación una de las elegías de mi poemario “Sacra Faz”, en concreto dedicada a Évariste Galois. La ilustración de la parte superior de esta entrada representa a Abel, la central representa un copo de nieve con sus simetrías rotacionales y especular –que en realidad conforman un grupo conocido como grupo diedral de orden 12- y en la inferior aparece Évariste Galois.

 

 

“Elegía a Évariste Galois”

 

 

Sobre tu tumba

siempre habrá flores,

pequeño gran Évariste,

porque tu genio prematuro

holló muy hondo en

la tierra de los hombres,

allí dejó su semilla,

y nos trajo el agasajo

de las más eternas rosas

y de la imperecedera verdad.

Ángel caído de los cielos,

a ti dedico esta elegía,

bienquerido retoño de Prometeo,

en ti veo a un Dios benévolo,

pues fueron tu corazón y tu sangre,

las vísceras que guían cada ave,

las que guiaron tu senda

en tu efímera existencia.

¿Acaso el sino impera

sobre el poder de los hombres?

¿Por qué acudiste al duelo,

pequeño Évariste,

y nos privaste de tu talento

y de tu pasión?.

¿No fue ésta tu asesina,

la mano ejecutora que de ti

nos dejó huérfanos?.

Jamás en los siglos

se encenderá tu luz

de nuevo, pero por siempre

serás recordado,

tus obras vivirán por ti,

pequeño gran Évariste,

héroe, ídolo con

los pies de arcilla,

pero sobre todo hombre.

 

© Sacra Faz, Manuel Verdes Piñeiro, 2010.

 

La máquina de Sir Francis Galton, la distribución binomial, la vida y la estructura de una novela

 

 

Como estoy pensando en escribir una novela el año que viene, tarea para la que me estoy documentando, me encontré en la necesidad de la búsqueda de algún método viable para diseñar la estructura del libro. Bien sabido es que una novela no sólo es un conjunto de capítulos escritos con mayor o menor calidad literaria, sino que además consiste en un relato con un cierto andamiaje, con un principio, una cadena de sucesos cohesionados mediante un cierto orden lógico, y un densenlace final. Para escribir una novela es necesario tener bien claro ese andamiaje, y es deseable por tanto el hacer un diseño lo más detallado posible antes de ponerse uno a escribir. Si la estructura de la novela contiene suficientes giros argumentales imprevistos, un ritmo creciente, por ejemplo, con clímax final, y un desenlace lo más sorpresivo posible, es probable que se haya escrito un buen libro, o que al menos el fruto del trabajo sea vendible y leíble con interés. Considero que son estos elementos que he descrito fundamentales para escribir un best-seller.

 

 

Pues bien, me puse pues a pensar en algún método válido para tal tarea, y reflexionando, reflexionando, me acordé de un artilugio que inventó el científico inglés Sir Francis Galton, primo segundo de Charles Darwin, y cuya tarea investigadora cubrió un amplio espectro de intereses. El invento de Galton es una máquina de gran popularidad en los medios televisivos –creo que salía incluso en el antiguo concurso “El precio justo”, presentado primero por Joaquín Prat y luego a la muerte de éste por Carlos Lozano-,  y consiste en una caja vertical en cuya parte superior existen dos rampas con un agujero central pequeño, mientras que la parte media está compuesta por un conjunto de palitos convenientemente situados, y la parte inferior se trata de una serie de departamentos estancos colocados cada uno adyacentemente con los dos de los lados. Por encima de las dos rampas superiores del artilugio se coloca un grupo de canicas o monedas. Cuando es abierto el orificio central de las dos rampas, las canicas empiezan a caer por acción de la gravedad hacia abajo. En el momento en que una determinada canica se topa con uno de los palitos, el azar entra en juego y esa canica toma la decisión de tirar por uno de los dos lados o por el otro, siguiendo en su caída. En realidad creo que en el universo hay absoluto determinismo en casi todo –salvo en las acciones de los humanos por ejemplo, la afirmación se aplica pues al universo inerte-, es decir, aún a pesar de mi inferioridad intelectual me atrevo a coincidir con Albert Einstein en que “Dios no juega a los dados”. Pero ese determinismo absoluto es tal si miramos todo desde la óptica de Dios. Si tuviésemos suficiente capacidad tecnológica para medir todas, absolutamente todas, las variables del universo, y si el universo no fuera no lineal, podríamos predecir su devenir de modo exacto, por eso digo que Dios sabe exactamente lo que va a pasar y no juega a las tragaperras con el mundo. Sin embargo, ante nuestra imposibilidad consabida de realizar tales medidas, entre otras cosas por el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica, y ante el hecho de que el aparato matemático que poseemos sea imperfecto, aquéllo que para Dios es predecible y determinista, para nosotros es observable como caos o azar. Por lo tanto, la canica sigue cayendo y eligiendo en cada palito un camino por el que seguir –desde nuestra perspectiva esta elección es completamente aleatoria y es azar-. Si contamos el número de posibles trayectorias que llevan a la canica a cada receptáculo de la parte inferior, observaremos que existen más trayectorias válidas para llevar la canica hacia las cajas centrales, y menos trayectorias posibles para las cajas laterales, en número decreciente desde el centro hasta los extremos. En realidad este hecho no debe de extrañarnos. Cada elección individual que toma una bola en cada palito puede ser modelada mediante una variable aleatoria de tipo Bernouilli. Las variables aleatorias Bernouilli representan un rango discreto de sucesos incompatibles, en concreto dos. Así, una variable de este tipo puede tomar un valor, llamémosle “izquierda”, con probabilidad p, y otro valor, que por conveniencia llamaremos “derecha” con probabilidad complementaria q = 1 – p. En el caso de la bola, desde nuestra perspectiva es en principio igual de probable que caiga hacia la izquierda que hacia la derecha. Por tanto en este caso sería  p = q = 0,5. Como el número de caídas hacia derecha o izquierda que realiza la bola en su bajada es el que después se computa como número de desplazamientos a la derecha o a la izquierda desde el cajetín central, se tiene que para obtener la función de densidad de probabilidad discreta de las bolas en cada caja tendríamos que sumar tantas variables de tipo Bernouilli como niveles en forma de palito tenga el artilugio, y así obtendremos como resultado una variable aleatoria de tipo Binomial, cuyo parámetro N representa dicho número de niveles. Si quisiéramos experimentar esto, podríamos dejar caer una gran cantidad de bolas desde arriba, y observaríamos que si calculamos la fracción de bolas, frente al total de canicas caídas, que hay en cada cajetín, se va aproximando cada vez más a la probabilidad que predice la función de densidad discreta de una variable binomial. Aún más, si fuésemos aumentando cada vez más el tamaño de la máquina, introduciendo cada vez más número de niveles, mediante la inserción de nuevos palitos y de nuevos cajetines, en realidad nos estaríamos aproximando cada vez más a una función de distribución gaussiana o normal. Esto es así, dado que por el teorema central del límite se sabe que la suma de infinitas variables aleatorias, sean éstas de los tipos que sean, es una variable gaussiana.

 

 

Todo esto está muy bien, de acuerdo, pero … ¿qué aplicación puede tener para escribir mi novela?. Pues seguí reflexionando y me di cuenta que una novela no es otra cosa que un diagrama en árbol, en el que la acción parte desde una raíz y va llegando a distintos nudos, donde se ramifica por uno u otro lado, hasta llegar al final a una de las hojas del árbol, donde la acción concluye. Por lo tanto si yo quiero una novela con un final deslumbrante, sería más práctico pensar primero ese final antes que ninguna cosa y deshacer el camino desde la hoja hasta la raíz. Esto es así porque en el sentido normal del transcurso del tiempo, de pasado a presente y de presente a futuro, como dije antes, hay una continua ramificación de la acción, dado que los personajes van tomando sucesivas decisiones en su vida, y sería muy difícil de este modo, con tiempo natural, de llegar a un final que resulte interesante. Sin embargo, con tiempo invertido, la secuencia es lógica, no hay ramificaciones, sólo hay un único camino, o varios caminos que nos llevan todos a la única raíz del árbol. Un ejemplo que podría ilustrar esto es el siguiente : ahora me encuentro en casa, puedo ir a la cocina a tomar un bocadillo o puedo salir afuera. Si salgo afuera, puedo ir al cine, puedo ir de compras o al parque. Si voy al cine puedo emocionarme con la última comedia romántica de turno y soltar alguna lagrimita, o puedo llenar la barriga de palomitas y no seguir para nada la película, … De acuerdo con esto sería difícil obtener el final más emocionante que es el de las lágrimas en el cine. Sin embargo, si supongo que estoy emocionado en el cine, puedo deducir que es porque he visto en el mismo una película emocionante, y que me he dirigido allí porque estaba en casa aburrido y no tenía ganas de ninguna otra cosa. Lo mismo sucede con la máquina de Francis Galton: si invertimos la máquina observaremos que las bolas que están en los cajetines siguen distintos caminos pero al final, con total certeza, acaban de nuevo en el único agujero de arriba –siempre y cuando por debajo de las rampas haya otras invertidas con respecto a aquéllas.- Se me ocurre que esto en cierto modo tiene que ver con la entropía o grado de desorden creciente con el paso del tiempo en el universo, pero esa ya es otra historia.

En realidad el método que he presentado debe ser perfeccionado, puesto que sería harto difícil montar la novela en un único bloque. Por ello me parece más lógico el dividir la acción en distintos bloques en los cuales tenga claro el final de cada uno, y mediante el truco del almendruco de la imaginación, conseguir empalmar en esos bloques el final de cada tramo previo con el principio inferido a partir del final del tramo inmediatamente siguiente, siendo cada tramo cada uno de los bloques que median entre giros argumentales. En otras palabras, que después de esta fase inicial de documentación, ya me veo a fin de año haciendo diagramas en árbol en hojas A3 o A2, poniendo todo mi empeño en construir una novela que sea medianamente digerible.

 

 

(14)- Mi bestia negra

 

Todos hemos vivido alguna vez la sensación opresiva de la timidez, el miedo escénico, y la incertidumbre casi siempre exagerada en lo negativo acerca de lo que piensan los demás de nosotros. Hay personas que son muy sensibles a los juicios de valor que otros hombres y mujeres hacen de ellas. Este ha sido el objeto de inspiración para una de las poesías que he incluido en el poemario “Sacra Faz”. Aquí os lo copio, para que veáis cómo es posible que los poemas pueden tratar temas de lo más dispar, sin apartarnos del lenguaje bello y expresivo de esta forma literaria.

 

Mi bestia negra

 

 

La bestia negra que me envuelve,

que me amordaza entero, y me ata, y me encadena …

La bestia negra es como una manta

que me ocluye la voz, una manta de pudor sudoroso,

sudo, no puedo, no puedo hablar ni pensar, . . .

La bestia negra me encarcela en un torreón

a la vista de cien cocodrilos hambrientos de temor,

es como un espantapájaros siniestro que

atormenta mi alma y no le deja ni balbucear,

es como despertar dentro de un mal sueño,

en la madrugada, rezumando bilis e intestinos,

los cocodrilos de miradas inquisidoras,

de réplicas y conjeturas y contraríos,

manando de fauces en punta,

dispuestas a estallar en sardónicas carcajadas,

esperando el temblor, con su rictus asesino,

esperando el tartamudeo de esta garganta trémula,

esperando que me hinque de rodillas y pida perdones

y suplique clemencias y piedades, soy humano, señores,

yerro con demasiada frecuencia, ustedes perdonen,

pero a lo mejor logro domarlos, con artes rebuscadas,

y tal vez al fin la multitud de verdes aligatores

rompa en una ovación y en un aplauso estremecedores.

 

© Sacra Faz, Manuel Verdes Piñeiro, 2010.

 
 

Visita al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de Madrid

 

Aprovechando que era sábado, y que no tenía otra cosa que hacer, he acudido al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, ubicado en el Paseo de las Delicias, al lado del Museo del Ferrocarril, en Madrid. La entrada es totalmente gratuíta y está abierto todos los días de la semana excepto los lunes. Ha resultado muy interesante e instructiva la visita, dado que las vitrinas exhíben verdaderas reliquias que nos aproximan a la infinita curiosidad e inquietud humana, que ha sido vital desde la época de las cavernas para resolver los problemas que se le plantearon a los hombres a lo largo de la historia y para conseguir que sus vidas fuesen más cómodas y productivas. La ciencia de matemáticos, ingenieros y científicos, la viva expresión de su talento, ingenio e inteligencia, es el legado que recibimos de nuestros antepasados y que cederemos de forma enriquecida a las generaciones venideras, y fue, es, y será, fundamental para nuestro mejor conocimiento del orden y la armonía del mundo, la antigua idea jonia del Cosmos, la primera de las revoluciones intelectuales, y que fue gestada en la cuna de la civilización.

La disposición actual del museo consta de una exposición fotográfica cambiante, de otra exposición inmutable, que engloba fundamentalmente instrumentos de medida, relojes, cámaras de fotografía, radios, fonógrafos, algún televisor, y vehículos a motor. Además de estas dos partes, hay una tercera que es cambiante y que actualmente lleva por nombre “QWERTY”, estando dedicada a la evolución histórica de las máquinas de escribir y de las máquinas tipográficas. 

A modo de reportaje, inserto a continuación una serie de fotografías, de cuyo contenido haré sucintas descripciones introductorias, para que podáis ver una selección de las maravillas que encierra este pequeño pero interesante museo.

La primera fotografía representa un podómetro, instrumento provisto de una rueda y de un sistema de engranajes que actúan sobre el reloj marcador, que se utilizaba para mediciones de longitud entre diferentes puntos de jardines y sitios abiertos.

 

 

A continuación se observan dos brújulas de agrimensor (a la izquierda) y un grafómetro de pínulas (a la derecha). Estos aparatos servían para realizar planos sencillos y de poca precisión (los dos de la izquierda) y para planos y levantamientos de mayor precisión el de la derecha. Para confeccionar los planos primero se orientaba la brújula en relación al Norte magnético terrestre y a continuación se medían los ángulos necesarios con los que se subtendía la posición de los puntos a representar, así como las distancias a los mismos mediante cadenas de agrimensor, quedando pues representadas las ubicaciones mediante un sistema de coordenadas polares planas.

 

 

La siguiente fotografía representa un compás de artillería diseñado por el matemático y militar sevillano Luis Collado a finales del Siglo XVI. Mediante este artilugio era posible efectuar cálculos de artillería y de baluartes. Se podían obtener los diámetros y pesos de los proyectiles en función de su material, el proyectil adecuado a cada calibre, así como forzar a que la bala siguiera la trayectoria deseada en función de la inclinación y la carga del cañón.

 

 

La imagen que sigue muestra en su parte superior un compás de proporción, cuyo uso es equivalente al de los escalímetros actuales. En la parte inferior aparece un compás con cuadrante, una de cuyas caras sirve para cálculos astronómicos y zodiacales, estando la otra destinada a obtención de pesos y densidades en función del material.

 

 

A continuación aparece una fotografía en la cual se puede apreciar un radio latino, diseñado por Latino Orsini en el Siglo XVI, y que se utilizaba para medidas angulares en astronomía y arquitectura basadas en cálculos trigonométricos. Al plegarse presentaba la forma de una espada con su empuñadura.

 

 

La siguiente fotografía representa una brújula excéntrica de principios del Siglo XX, utilizada para la confección en topografía de itinerarios orientados, quedando todas las líneas orientadas en relación al Norte magnético. Idéntica utilidad tenía el instrumento de la segunda fotografía de este bloque de dos, el teodolito, el cual no sólo sirve para medidas angulares horizontales sino también verticales.

 

 

El planímetro, en la imagen que sigue, era un instrumento para utilizar sobre un plano y cuya utilidad consistía en que si se movía por los bordes de una figura plana irregular cerrada mostraba el área encerrada por dicho polígono.

 

 

A continuación muestro en la primera fotografía tal vez el más clásico de los aparatos de medición, el sextante, evolución técnica del octante, y que como bien sabido es, sirve para obtener el ángulo de un determinado astro, que puede ser el sol o un planeta o estrella brillantes, a su paso por el meridiano terrestre local, momento de su mayor altura sobre el horizonte. Esta medida es fundamental para obtener la latitud y longitud de una localidad, utilizándolo coordinadamente con un reloj cronómetro sincronizado con la hora local de un determinado meridiano de referencia. Es por ello que la utilidad del sextante ha sido impagable, para el desarrollo de las antiguas cartas de navegación y para la propia navegación en sí de los marinos. Como evolución natural del sextante se inventó el cuadrante de Davis, que aparece en la segunda fotografía de este bloque, y que permitía obtener las mencionadas medidas en posición de espaldas al sol, evitándose así el mirar directamente al astro en una operación que podía durar un tiempo significativo.

 

 

En la siguiente imagen aparece un compás azimutal, destinado a cuantificar la desviación entre los polos magnético y geográfico. Se puede observar que está montado en una montura Cardan, la misma que se empleaba para llevar el reloj cronómetro a bordo, y que servía para minimizar los efectos del bamboleo del barco en la precisión de las medidas.

 

 

El objeto que figura en la fotografía que sigue es una ballestilla, en concreto la única que se conserva completa en todo el mundo. Servía para mediciones angulares en astronomía y geodesia.

 

 

A continuación se exhíbe un conjunto de tres fotografías donde se pueden apreciar dos astrolabios distintos. El astrolabio es un instrumento astronómico, basado en el modelo geocéntrico, que se utilizó desde el Siglo II a.d.C. hasta mediados del Siglo XVI, y que representa un modelo a escala del cielo suponiendo la Tierra en el centro del universo. A pesar del error conceptual implícito, este aparato permite una precisión razonable a la hora de observar el movimiento aparente circumpolar de los astros, y en el cálculo de sus posiciones y distancias.

 

 

La esfera armilar, que muestro en la siguiente imagen, era un utensilio de tipo didáctico, que se empleaba para enseñar astronomía, explicar las estaciones del año, y otros elementos de mecánica celeste, utilizando el modelo geocéntrico que tanto tiempo dominó en el panorama cosmológico.

 

 

Sigue a continuación una fotografía de un planetario que simulaba los movimientos de la Tierra, la Luna, y los planetas, alrededor del sol, basado en una cuerda cuya energía alimentaba a los engranajes.

 

 

El regulador astronómico que aparece en la imagen que sigue, era usado en observatorios astronómicos para obtener con una gran precisión la hora exacta del paso de un astro determinado por el meridiano local, para así poder tabular las efemérides de los cuerpos objeto de estudio.

 

 

El siguiente objeto que muestro es un reloj de sobremesa construido por John Ellicot a mediados del Siglo XVIII, importante fabricante inglés de relojes y barómetros, inventor de un sistema de compensación para péndulos basado en el empleo de metales de distinto coeficiente de dilatación, miembro de la Royal Society, relojero de Jorge III, y que recibió importantes encargos de la Corte de España. Este reloj Ellicot que aparece en la fotografía tenía un planisferio celeste similar al que existe a 41º de latitud Norte, y que iba girando con el paso del tiempo, así como un sistema de sonería.

 

 

El siguiente reloj es un reloj de bolsillo mecánico con las complicaciones parejas a un modelo fechador perpetuo. En otras palabras, este reloj mecánico, que posee una gran complejidad en su interior, es capaz de marcar con exactitud el calendario completo, la hora y las fases lunares, sin necesidad de los continuos reajustes que hay que hacer por ejemplo en los cambios de mes en los relojes convencionales no fechadores.

 

 

Para ya finalizar inserto aquí un bloque de tres fotografías que muestran diferentes detalles de la máquina de cifrado Enigma, empleada por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El modelo que aquí se exhibe es el de cuatro rodillos (las había de tres y de cuatro rodillos). Como ya expliqué en la entrada sobre Alan Turing y los números computables, la máquina Enigma emplea un número singularmente descomunal de alfabetos de sustitución. Por cada pulsación de una letra los rodillos avanzan una posición, de modo que se cambia automáticamente el alfabeto de sustitución en dicho salto. De este modo para descifrar el mensaje era necesario conocer la posición de los cuatro rodillos para la primera pulsación y poseer una máquina del mismo número de rodillos que la cifradora, para ir reproduciendo el mensaje cifrado. La máquina basaba su funcionamiento en la formación de circuitos por los que circulaba la corriente. En realidad, mediante el concurso de los rodillos y de las clavijas, se iban creando circuitos cambiantes para el paso de la misma, ya que si se pulsaba dos veces seguidas la misma tecla nunca aparecía en la segunda pulsación el mismo carácter cifrado que en la primera, por haber cambiado el alfabeto de sustitución y equivalentemente la disposición de circuitos. El modelo que aquí se muestra ha sido cedido al museo por el CNI (Centro Nacional de Inteligencia).

 

 

En fin, que he pasado un buen rato. Esta selección que aquí os enseño no representa ni mucho menos la totalidad de lo que allí se puede admirar. Es tan sólo eso, una selección personal basada en mi criterio. Y el reportaje gráfico que os puede animar (o no) a visitar este magnífico museo ubicado en Madrid. 

 

 

La bomba de ariete y Joseph Montgolfier

 

 

El inventor francés Joseph Montgolfier patentó en el año 1796 un invento que a mi juicio es de un ingenio apabullante. La creación de este hombre pasó a ser conocida como la bomba de ariete, y es un mecanismo que únicamente empleando la energía que un pequeño salto de agua imprime en ésta, consigue elevar parte de ella a una altura muchísimo mayor que la de partida, sin el concurso de ningún tipo de motor o de otra fuente de energía. Se debe dejar bien claro que el mecanismo mencionado no es capaz, como es lógico según las leyes de la física, de subir todo el agua que se le entrega a una altura superior, sólo sube parte de ella, y esto no es de extrañar, puesto que en realidad lo que está haciendo la bomba es emplear la energía cinética del agua acelerada, la cual es después desperdiciada, para una vez almacenada como presión del depósito, entregársela al agua que es subida, consiguiéndose de este modo ganancia de altura para esa fracción de agua (que suele ser del 10 % del agua total que recibe la bomba) en relación a la altura de la fuente de agua desde donde ésta parte. Es imposible que se pueda subir todo el agua de entrada a una altura superior, se estaría violando la ley de conservación de la energía, que viene a establecer que la energía mecánica inicial del agua es igual a la energía mecánica final en un cierto tiempo de evolución, y que resulta fácil de entender en términos gravitatorios si pensamos que tanto si un grave aumenta su altura, a partir de una velocidad de partida desde la superficie terrestre, como si un grave aumenta su velocidad, a partir de la suelta de ese grave a velocidad cero desde la altura que alcanza según lo anterior hasta alcanzar dicha superficie, en ambos casos no estamos sino materializando la misma integral de elementos diferenciales de trabajo, o si se quiere de un modo equivalente, la misma integral de cantidades instantáneas de ímpetu por elemento diferencial de velocidad, sólo que según sentidos opuestos, con lo cual ambas integrales son la misma y por lo tanto el fluido que cae desde una altura y es canalizado hacia abajo y luego hacia arriba, volverá a alcanzar la misma altura de partida, que es lo que se conoce como principio de vasos comunicantes.

Pero bueno, como sucede siempre, me estoy distrayendo en la introducción. Pasaré de lleno al tema en cuestión. Como se puede observar en la imagen superior, el agua es canalizada desde el salto de agua, manantial, o río, que está a una altura superior a la bomba, hacia ésta mediante una tubería inclinada que suministra el agua a la bomba. La bomba tiene una ramificación hacia arriba que comunica con un depósito C por la mediación de la válvula B. La rama que sigue desde esa válvula B en adelante, por la parte de abajo, tiene a su fin otra válvula A, que comunica la tubería principal hacia afuera, preferentemente hacia un lugar donde el agua que por ella sale pueda ser reaprovechada para otros menesteres, o simplemente siga su discurrir por el mismo río o arroyo.

El funcionamiento de la bomba ariete se puede explicar en dos fases. La primera de ellas es la representada en la imagen superior y la segunda de ellas en la inferior.

En la fase inicial (imagen superior) el agua es acelerada en el conducto que proviene del salto de agua, simplemente por la imprescindible diferencia de alturas y la eventual presión ejercida donde se absorbe el agua si esta toma está bastante por debajo del nivel. Gracias a esa velocidad imprescindible y al ímpetu parejo a ella el agua empuja la válvula A y la hace avanzar hacia arriba, en cuyo avance parte de ese agua que está empujando bordea la válvula y sale al exterior, perdiéndose. Cuando la válvula A toca de repente con su tope superior (imagen inferior), la salidade agua hacia afuera es bloqueada. Como es lógico, por el principio de acción y reacción, exactamente la misma fuerza instantánea y de naturaleza impulsional (que se modelaría matemáticamente mediante una función delta de Dirac) con la que el agua cierra esa compuerta, y que no es sino el producto de la masa por la alta tasa de cambio instantánea de la velocidad de la misma por cesar su movimiento de repente, es transmitida en sentido contrario por la válvula al agua que está a su izquierda. En consecuencia, por el principio de Pascal, que establece que en un fluido la presión se propaga por igual en todas las direcciones, esa fuerza se transmite a través del agua hacia la izquierda y a su vez hacia arriba, hacia la válvula B, la cual se desplaza hacia arriba gracias a ese empuje, y en su avance deja pasar una cierta cantidad de agua al depósito C, bordeando la válvula, hasta que la presión por encima de la válvula B la hace bajar cortando el paso del agua deldepósito hacia abajo, momento en que la presión por encima de dichaválvula está equilibrada con la de abajo. De esta manera se va agregando agua al depósito gradualmente, en sucesivos golpes, que suelen alcanzar un ritmo de uno o dos por segundo, hasta que el aire que se halla dentro de él está a una alta presión, por verse reducido a un espacio cada vez menor. La suma de esa presión que ejerce el aire más la presión hidrostática de la altura de agua creciente en el depósito, en el punto de salida de ésta hacia el lugar donde ha ser subida es la responsable de que el agua que va suministrando la mitad inferior de la bomba sea elevada hasta una gran altura, que puede ser incluso, con los convenientes ajustes y las medidas de diseño oportunas, de hasta 70 metros. Como es lógico, es imprescindible montar el depósito sin vaciarlo de aire, es decir, no se debe montar en vacío, porque sino sólo tendríamos la fuerza pareja a la presión hidrostática del agua del depósito para ir subiendo la que suministra la mitad inferior, y esta fuerza es muchísimo (¡¡ muchísimo !!) inferior en relación a cuando existe aire cada vez más comprimido en el depósito. En realidad el primordial responsable de la fuerza de subida es el aire comprimido del depósito, el cual viene a ser algo así como un acumulador de energía, que se obtiene mediante la suma de los sucesivos elementos de energía cinética que el agua desperdiciada va aportando golpe a golpe.

Este mecanismo fue muy popular desde su presentación, pero con la llegada de los motores monofásicos de corriente alterna y de las bombas rotativas que éstos mueven, -que hacen el vacío en la tubería de subida desde el lugar de extracción, con lo cual el agua es absorbida hacia arriba empujada por la presión atmosférica y la presión de la altura del agua aplicadas en el punto de entrada a la tubería, y que por lo tanto le da una máxima profundidad posible a dicha tubería desde la bomba hasta la superficie del agua de 10,5 metros (equivalentes a la presión de una atmósfera)-, se dejó de utilizar, al menos en el mundo avanzado. Pero aún así hoy en día sigue empleándose en muchísimos lugares del mundo, lugares con diferentes grados de subdesarrollo, en los que no se dispone de estos medios de la modernidad o donde no se dispone de red eléctrica, y por qué no, también en lugares donde personas curiosas e inteligentes de oficios y ocupaciones de lo más variado, disfrutan de este invento que el señor Joseph Montgolfier tuvo la gentileza a finales del siglo XVIII de regalarnos con su ingenio sin parangón.

 

  

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